Todo debía ser aquel día. mientras veía sus hombros agazaparse para evitar mojarse sabía bien lo que ocurriría. hablábamos y hablábamos de aquel silencio. paró el reloj de girar y girar como nunca hasta aquel entonces había dejado de hacer, infatigable siempre sobre si mismo. grano a grano fuimos derramando los sueños de nuestro amor que de tan maravillosos tan increíbles parecían entonces. el reloj dejó de moverse a nuestro alrededor y de él arena empezó a caer, a irremediablemente vaciarlo todo. desvaneciendo los espejismos de la hipocresía, tomando conciencia de las palabras ocultas que amenazantes nos sobrevolaban, pidiendo ser dichas, aunque solo por compasión fuera. escondidas ya detrás de silencios que incomodaban y empezaban a ser insoportables (porque sabíamos lo que en realidad reprimían). gritos de auxilio y terror que emanaban angustiosos, incapaces de mutarse en sollozos de sinceridad. incapaces los dos estúpidos cobardes de mirar más allá de aquella extraña solución que nos envolvía en un manto de silencio, fruto del miedo a encontrarnos solos en el desierto. mientras tanto llovía y llovía dentro de aquellos muros que las palabras construyeron diáfanos y que el silencio, grano a grano incesante como la lluvia como ávida termita había empezado a desgastar, había empezado a corroer. convirtiendo el sudor del esfuerzo en arena, en desierto, aquel del cual ilusamente pretendíamos escapar.
Mostrando entradas con la etiqueta intrínsecamente literario. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta intrínsecamente literario. Mostrar todas las entradas
Exactamente zero dos zero siete
17/7/08
Seré incapaz de levantarme en 5:45 con destreza,
más lo haré por qué nuestra mente controla al cuerpo,
así como el sueño influye en la pereza
y ésta a la vez se subordina al cerebro.
Cada día más tarde, pero sigues y puedes
Aunque no lo aceptes
es lo que quieres.
más lo haré por qué nuestra mente controla al cuerpo,
así como el sueño influye en la pereza
y ésta a la vez se subordina al cerebro.
Cada día más tarde, pero sigues y puedes
Aunque no lo aceptes
es lo que quieres.
Solo si quieres
27/6/08
“Destellos de genuinos amargos:
de exámenes finales quizá no sea
más de respuestas idóneas que ajenas parecen impropias.”
La lluvia aparece en el calor de la noche; amiga al rescate…
otros desaparecen, oscurecen, apagan y se van
[como si el partir deba sin más romper]
los frágiles hilos de la realidad te convencen de la soledad
fracciones de segundo antes de sentir apego
de Aquello.
lo demás
lo que vuelve y se va
de lo que intuyes que va a ser y después ya fue
de lo que se acerca y de pronto ya no alcanzas nunca más
de lo que te alejas justo cuando lo empiezas a ver
decides que lo mejor no puede ser ayer;
duermes y lo sueñas otra última vez:
es domingo y la luz te acurruca
tus sentidos se alegran de tan dulce placer
saber que cuando menos lo esperes, la lluvia va a caer
estás allí y no puedes creer que no es
así que Es, y la lluvia entonces cae, lo limpia todo, lo cubre de la nitidez que nada esconde,
que enciende el brillo y sacude el moho. Tu sales y te empapas, abres la boca y lo absorbes,
te frotas la cara con las manos y es cierto: Es. Estás allí tumbado con Ellos, por qué eres
Ellos, por qué ellos te hacen ser a Ti.
cuando despiertas todo es blanco y domingo y lo es, lo crees por qué lo que crees Es.
A todos Ellos: a los que se fueron, los que vendrán, que se irán y a los que se quedaran.
de exámenes finales quizá no sea
más de respuestas idóneas que ajenas parecen impropias.”
La lluvia aparece en el calor de la noche; amiga al rescate…
otros desaparecen, oscurecen, apagan y se van
[como si el partir deba sin más romper]
los frágiles hilos de la realidad te convencen de la soledad
fracciones de segundo antes de sentir apego
de Aquello.
lo demás
lo que vuelve y se va
de lo que intuyes que va a ser y después ya fue
de lo que se acerca y de pronto ya no alcanzas nunca más
de lo que te alejas justo cuando lo empiezas a ver
decides que lo mejor no puede ser ayer;
duermes y lo sueñas otra última vez:
es domingo y la luz te acurruca
tus sentidos se alegran de tan dulce placer
saber que cuando menos lo esperes, la lluvia va a caer
estás allí y no puedes creer que no es
así que Es, y la lluvia entonces cae, lo limpia todo, lo cubre de la nitidez que nada esconde,
que enciende el brillo y sacude el moho. Tu sales y te empapas, abres la boca y lo absorbes,
te frotas la cara con las manos y es cierto: Es. Estás allí tumbado con Ellos, por qué eres
Ellos, por qué ellos te hacen ser a Ti.
cuando despiertas todo es blanco y domingo y lo es, lo crees por qué lo que crees Es.
A todos Ellos: a los que se fueron, los que vendrán, que se irán y a los que se quedaran.
La mañana de los magos
28/3/08
-¿Quiero saber cuál es tu rollo, entiendes? Me harté ya de juegos estúpidos que no llegan a ninguna parte. Estás logrando que me vuelva loco...y que acabe por perder el interés en ti.
Sentados de frente, la tenue luz solo permitía ver sus rostros difusos, medio escondidos detrás de las sombras que la mesa de la esquina les ofrecía. Mientras tanto, la lluvia pegaba en los cristales de aquel bar cualquiera, dominando su propio tiempo, al compás de la razón que ella misma se imponía. Cuando quiso decir algo, no la lluvia, sino ella, él no pudo permitirlo y la interrumpió:
-¡No! ¡Es que no! -gesticuló con los brazos, acercando las manos a su cara, como mostrando su incredulidad-, no quiero perder el interés en ti. ¿No ves que ya me harté? Me duele. Sabía que todo era un juego, pero ya no se de qué trata. Me desconciertas...
-¿Pero de qué hablas? Yo no juego a nada, son solo tus imaginaciones, a mi me parece todo muy bien.
-¡Pues a mi no! -Gritó, liberando la rabia contenida. Nunca pensé que diría esto a nadie, pero no quiero volver a verte.
Y se levantó, se puso el abrigo, la bufanda y los guantes, consciente del frío que sentiría el resto de la noche, recogió el resto de cosas esparcidas por la mesa y se dispuso a salir.
-¡Espera! -soltó ella agarrándole del brazo. Entonces, después de un corto pero inolvidable momento, hizo un breve suspiro y dijo:
- De acuerdo, voy a dejarme querer.
Sentados de frente, la tenue luz solo permitía ver sus rostros difusos, medio escondidos detrás de las sombras que la mesa de la esquina les ofrecía. Mientras tanto, la lluvia pegaba en los cristales de aquel bar cualquiera, dominando su propio tiempo, al compás de la razón que ella misma se imponía. Cuando quiso decir algo, no la lluvia, sino ella, él no pudo permitirlo y la interrumpió:
-¡No! ¡Es que no! -gesticuló con los brazos, acercando las manos a su cara, como mostrando su incredulidad-, no quiero perder el interés en ti. ¿No ves que ya me harté? Me duele. Sabía que todo era un juego, pero ya no se de qué trata. Me desconciertas...
-¿Pero de qué hablas? Yo no juego a nada, son solo tus imaginaciones, a mi me parece todo muy bien.
-¡Pues a mi no! -Gritó, liberando la rabia contenida. Nunca pensé que diría esto a nadie, pero no quiero volver a verte.
Y se levantó, se puso el abrigo, la bufanda y los guantes, consciente del frío que sentiría el resto de la noche, recogió el resto de cosas esparcidas por la mesa y se dispuso a salir.
-¡Espera! -soltó ella agarrándole del brazo. Entonces, después de un corto pero inolvidable momento, hizo un breve suspiro y dijo:
- De acuerdo, voy a dejarme querer.
Un día (versión dulcificada)
24/11/07
-Ya estoy harto de miradas, ¡necesito conocerte! -dijo por fin-.
Aunque para él fuera el producto de muchas noches de cavilaciones en el tren, la cama, y cualquier otro sitio en el que se apareciese la dulce idea de la posibilidad, la sorpresa asoma en el rostro de Clara, quien estaba ya acostumbrada al juego del que tomaban partido, y con cuya ruptura todos sus esquemas son también desbaratados.
-¿Que es lo que quieres conocer? -responde sin pensarlo, con la firme voluntad de dejarle toda la iniciativa a él, por fin valeroso de enfrentarse a ese mundo imaginario, intuitivo y ya para siempre más en el pasado-.
-Quiero responder el por qué -se apresura a decir, despojándose instantáneamente del terror que ese momento sabía que le produciría-. Necesito saber por qué nunca me escribiste y a pesar de ello seguimos con ese juego interminable, que logra abstraerme amargamente.
-Yo no juego a nada. Te conozco de hace tiempo, de verte por aquí, pero no sé de qué me hablas: yo nunca pude escribirte por qué nunca tuve donde.
La poca credibilidad que esas palabras tenían hicieron que se echase a reír, incapaz de comprender una reacción que nunca sopesó, a pesar de la multitud de variantes que había llegado a imaginar. Esa situación, sin embargo, por fin estaba dando lugar y su excitación era máxima.
-Desde luego que eso es algo que nunca imaginé que dirías -dijo, sincerándose-. Sin embargo, quiero conocerte, ¡necesito conocerte! Debo liberar mi mente ilusa de alguien tan recurrente como tu. Es más, casi prefiero que conocerte signifique perder el interés por ti, ya que enamorarme de ti sería doloroso de soportar...aunque no podría evitarlo.
-¿Ah, si? -dijo, sin reflejar interés alguno, pero con las piernas a punto de fallarle- ¿Y entonces: qué quieres de mí?
-Pues eso, quiero, deshacer de una vez el mito en que te convertiste, demostrarme a mi mismo que no eres más especial que el resto. Como ves, es algo muy egoísta, pero: ¿a caso no nos enamoramos por como nos ven? Y yo no sé como me ves, pero puedo imaginármelo. Es por ello que quiero conocerte, por así decirlo: que me conozcas va a darme una opinión de como me ves, y seguramente va a ser menos optimista de lo que yo imagino que es...
- ¿Así que es un acto puramente egoísta? -dijo mirando por la ventana, con cara de decepción.
-Digamos que puede ser una estrategia para quitarle importancia al asunto, aunque como ya dije, todos somos egoístas. Yo, además de egoísta, soy sincero. ¿Es eso importante para ti?
-¿Para mi? Pues si, y bastante. Pero ¿a qué asunto te refieres?
-Al hecho de encontrarme aquí, contigo. Finalmente. También tengo miedo al fracaso.
-Algo que todo el mundo tiene ¿verdad? -apuntó, aguda.
-Exacto. Sería lamentable tener que soportar, después de todo este tiempo sin conocer apenas tu voz, sería lamentable tener que vivir con el dolor de tu ignorancia. Y muy pesado. Por ello puede que intente hacerte ver que no es por ti, que realmente es por mi, así no sospecharías cuanto me afectaría tu rechazo. Pero no sé si me entiendes...ya ves que le he dado muchas vueltas a todo. Ahora voy y me descubro solo hablando un par de minutos...
-Creo que no te entiendo, pero es cierto: eres sincero. Y me gusta ¿Tomamos un café?
Aunque para él fuera el producto de muchas noches de cavilaciones en el tren, la cama, y cualquier otro sitio en el que se apareciese la dulce idea de la posibilidad, la sorpresa asoma en el rostro de Clara, quien estaba ya acostumbrada al juego del que tomaban partido, y con cuya ruptura todos sus esquemas son también desbaratados.
-¿Que es lo que quieres conocer? -responde sin pensarlo, con la firme voluntad de dejarle toda la iniciativa a él, por fin valeroso de enfrentarse a ese mundo imaginario, intuitivo y ya para siempre más en el pasado-.
-Quiero responder el por qué -se apresura a decir, despojándose instantáneamente del terror que ese momento sabía que le produciría-. Necesito saber por qué nunca me escribiste y a pesar de ello seguimos con ese juego interminable, que logra abstraerme amargamente.
-Yo no juego a nada. Te conozco de hace tiempo, de verte por aquí, pero no sé de qué me hablas: yo nunca pude escribirte por qué nunca tuve donde.
La poca credibilidad que esas palabras tenían hicieron que se echase a reír, incapaz de comprender una reacción que nunca sopesó, a pesar de la multitud de variantes que había llegado a imaginar. Esa situación, sin embargo, por fin estaba dando lugar y su excitación era máxima.
-Desde luego que eso es algo que nunca imaginé que dirías -dijo, sincerándose-. Sin embargo, quiero conocerte, ¡necesito conocerte! Debo liberar mi mente ilusa de alguien tan recurrente como tu. Es más, casi prefiero que conocerte signifique perder el interés por ti, ya que enamorarme de ti sería doloroso de soportar...aunque no podría evitarlo.
-¿Ah, si? -dijo, sin reflejar interés alguno, pero con las piernas a punto de fallarle- ¿Y entonces: qué quieres de mí?
-Pues eso, quiero, deshacer de una vez el mito en que te convertiste, demostrarme a mi mismo que no eres más especial que el resto. Como ves, es algo muy egoísta, pero: ¿a caso no nos enamoramos por como nos ven? Y yo no sé como me ves, pero puedo imaginármelo. Es por ello que quiero conocerte, por así decirlo: que me conozcas va a darme una opinión de como me ves, y seguramente va a ser menos optimista de lo que yo imagino que es...
- ¿Así que es un acto puramente egoísta? -dijo mirando por la ventana, con cara de decepción.
-Digamos que puede ser una estrategia para quitarle importancia al asunto, aunque como ya dije, todos somos egoístas. Yo, además de egoísta, soy sincero. ¿Es eso importante para ti?
-¿Para mi? Pues si, y bastante. Pero ¿a qué asunto te refieres?
-Al hecho de encontrarme aquí, contigo. Finalmente. También tengo miedo al fracaso.
-Algo que todo el mundo tiene ¿verdad? -apuntó, aguda.
-Exacto. Sería lamentable tener que soportar, después de todo este tiempo sin conocer apenas tu voz, sería lamentable tener que vivir con el dolor de tu ignorancia. Y muy pesado. Por ello puede que intente hacerte ver que no es por ti, que realmente es por mi, así no sospecharías cuanto me afectaría tu rechazo. Pero no sé si me entiendes...ya ves que le he dado muchas vueltas a todo. Ahora voy y me descubro solo hablando un par de minutos...
-Creo que no te entiendo, pero es cierto: eres sincero. Y me gusta ¿Tomamos un café?
Hablo de María, ¿queda claro?
20/11/07
A Marisol Parreira le daba pereza levantarse del sofá. Todo debía de apuntar para no olvidarse. A cualquier cita, por ejemplo, llegaba tarde; no por desidia, más por descuidar del Tiempo. Es conocido que un día, cuando el sueño era ya insoportable, fue y volvió durante horas y horas metida en el mismo tren. Cuando alguien le advirtió de que empezaba a roncar, simplemente se despertó, miró indiferente a su alrededor y salió en la siguiente estación. Curiosamente era la suya. Al llegar a casa, Marisol se quitaba la ropa muy, muy lentamente. En invierno el proceso era aún más doloroso: primero la bufanda colgada en la entrada...la chaqueta encima..."ay...ahora entra, sácate el jersey, ahora los zapatos...los pantalones", y pum! el móvil que se cae del bolsillo. "Qué tonta -piensa María-siempre me pasa lo mismo", entonces recoge el aparato: la batería por un lado, tírate al suelo que la tapa se fue debajo de la cama, junta todo de nuevo..."ayyy"...se queja María mientras se pone camisón y un batín de lo mas kitsch, dispuesta a tirarse encima de su mejor amigo, el sofá. Allí es donde Marisol se siente mejor con María. Sin nada importante que hacer, solo ella, el sofá, un libro y sus ideas. No como quitarse la ropa. Banalidades.
La Trampa
11/11/07
Salgo por la segunda puerta del último vagón. De ese modo las escaleras quedan más cerca. En la primera puerta del último vagón se acumula demasiada gente por creer que están aún más cerca de la salida que haciéndolo por la segunda. Cuando no puedo estar con los primeros, la segunda puerta es una opción mejor. Subo las escaleras mecánicas. Si por alguna razón no me encuentro en el último vagón, nunca las utilizo y las subo a pie, por donde nunca hay que esperar y con lo cual se convierte en una elección mejor. Hoy, por tratarse de festivo, no hay mucha gente, así que en ningún caso hubiera subido a pie. De todos modos, aunque suba por las mecánicas, siempre aprovecho para subir unos peldaños. Si alguien se encuentra delante de mi y se pone a avanzar, pese a que las escaleras te lleven, hay una fuerza extraña que me obliga a seguir sus pasos y moverme. Llego al rellano, por donde en todos los casos salgo por la última puerta de la derecha, la única disponible en esa dirección, cuando justo en este momento cae delante de mi una tarjeta del bolsillo marrón del abrigo de una chica.
Un empleado que también ha visto como la tarjeta resbalaba y se plantaba encima las grises baldosas hace gestos a la chica de cabellera negra. Ésta, que no se da cuenta de lo sucedido y por tanto no sospecha que perdió nada, huye con la prisa de quien ya sabe que llega tarde. Ni tan siquiera me fijo en el empleado: recojo la tarjeta mientras intento llamar la atención de quien está muy cerca pero inalcanzable. Lleva los auriculares puestos y ni al tercer intento, que ya es un grito, logro captar su atención. Un par de personas se cruzan en su camino. Me ven pero no colaboran, más bien parece que intenten analizar lo que ocurre, con lo cual será demasiado tarde cuando pretendan ayudarme. (El segundo pensamiento después del de convencerme que debo entregarle lo que perdió es que por su culpa voy a salir por una puerta que no utilizo, con lo que voy a perder tiempo). Acelero el paso al darme cuenta que la chica de negro pelo y abrigo de piel marrón va muy deprisa y que no va a apercibirse hasta que logre alcanzarla. Subo las escaleras y la veo parada en el semáforo. Pienso: "¡ya está, es mía!" Pero a pesar que el semáforo está en rojo, cruza antes que llegue a tocarla. Se desvanece al rozar mis dedos su brazo. Cuando intento cruzar yo también, el claxon de un taxi me lo impide, reteniéndome en la acera opuesta, viendo como ella, en un par de botas hasta las rodillas que suenan alternativamente en la acera se alejan con paso firme y hasta perderse por una esquina. Dudo unos instantes qué hacer. La necesidad de devolverle lo que es suyo no se me hace imperiosa. (No merece la pena esperar, me digo, ya encontraré el modo de alcanzarla) Así que vuelvo a retomar la ruta hacia mi casa, pensativo, cuando le hecho un vistazo a la tarjeta intentando averiguar algo más. Es la identificación para acceder a una oficina. (No me arrepiento de haber cesado en la misión que me había propuesto, reafirmo). Aprovechando un farol puedo ver bien su cara.
La mujer de cabellera negra con botas hasta las rodillas, abrigo de piel marrón y con prisa por perder lo que de su bolsillo cayó es de piel oscura. Miro la foto detenidamente y descubro unos labios cortados por el frío. A pesar de ello, son sumamente sensuales. Aparentan no estar acostumbrados a las bajas temperaturas, de preferir el contacto suave de la brisa del mar. Por eso un día la nieve los maltrató. Entonces es cuando se hizo la foto, en la que ni el cacao supo disimular las pequeñas heridas. Aún así, sus ojos oscuros y esa sonrisa impropia de fotos como esas irradian felicidad y bondad, satisfacción por ese día, o por sentirse viva debido al cortante frío. (En este momento me siento estúpido por no haber continuado en mi empeño por alcanzarla; mis labios empiezan a helarse como los suyos y mi mente a inventar desenlaces en los que se los beso).
Un empleado que también ha visto como la tarjeta resbalaba y se plantaba encima las grises baldosas hace gestos a la chica de cabellera negra. Ésta, que no se da cuenta de lo sucedido y por tanto no sospecha que perdió nada, huye con la prisa de quien ya sabe que llega tarde. Ni tan siquiera me fijo en el empleado: recojo la tarjeta mientras intento llamar la atención de quien está muy cerca pero inalcanzable. Lleva los auriculares puestos y ni al tercer intento, que ya es un grito, logro captar su atención. Un par de personas se cruzan en su camino. Me ven pero no colaboran, más bien parece que intenten analizar lo que ocurre, con lo cual será demasiado tarde cuando pretendan ayudarme. (El segundo pensamiento después del de convencerme que debo entregarle lo que perdió es que por su culpa voy a salir por una puerta que no utilizo, con lo que voy a perder tiempo). Acelero el paso al darme cuenta que la chica de negro pelo y abrigo de piel marrón va muy deprisa y que no va a apercibirse hasta que logre alcanzarla. Subo las escaleras y la veo parada en el semáforo. Pienso: "¡ya está, es mía!" Pero a pesar que el semáforo está en rojo, cruza antes que llegue a tocarla. Se desvanece al rozar mis dedos su brazo. Cuando intento cruzar yo también, el claxon de un taxi me lo impide, reteniéndome en la acera opuesta, viendo como ella, en un par de botas hasta las rodillas que suenan alternativamente en la acera se alejan con paso firme y hasta perderse por una esquina. Dudo unos instantes qué hacer. La necesidad de devolverle lo que es suyo no se me hace imperiosa. (No merece la pena esperar, me digo, ya encontraré el modo de alcanzarla) Así que vuelvo a retomar la ruta hacia mi casa, pensativo, cuando le hecho un vistazo a la tarjeta intentando averiguar algo más. Es la identificación para acceder a una oficina. (No me arrepiento de haber cesado en la misión que me había propuesto, reafirmo). Aprovechando un farol puedo ver bien su cara.
La mujer de cabellera negra con botas hasta las rodillas, abrigo de piel marrón y con prisa por perder lo que de su bolsillo cayó es de piel oscura. Miro la foto detenidamente y descubro unos labios cortados por el frío. A pesar de ello, son sumamente sensuales. Aparentan no estar acostumbrados a las bajas temperaturas, de preferir el contacto suave de la brisa del mar. Por eso un día la nieve los maltrató. Entonces es cuando se hizo la foto, en la que ni el cacao supo disimular las pequeñas heridas. Aún así, sus ojos oscuros y esa sonrisa impropia de fotos como esas irradian felicidad y bondad, satisfacción por ese día, o por sentirse viva debido al cortante frío. (En este momento me siento estúpido por no haber continuado en mi empeño por alcanzarla; mis labios empiezan a helarse como los suyos y mi mente a inventar desenlaces en los que se los beso).
Día de acción del blog.
18/10/07
"Un día que yo tengo fiesta y tu vas y te tiras a mi padre..." Tomé asiento escuchando tal conversación. Medio dormido, giré levemente la cabeza para visualizar de qué boca salían tales agravios; una mujer de mediana edad, de voz imprecisa, parca en palabras pero suelta en afirmaciones hablaba por teléfono supuestamente con la amante de su padre. Camino a la universidad la lectura no fue posible en tales circunstancias: la necesidad de atender al sujeto de mi libro, entregado de conciencia, factible en la mayoría de trayectos en los cuales los ruidos extraños se ausentan, si más no en semejantes ondas y en tan alterado tono, se convirtió en tarea inalcanzable, y por tanto me rendí a lo que acontecía. No voy a menospreciar, sin embargo, la curiosidad que asoma ante tales sucesos, y que es, cuanto menos, suficientemente vivaz como para despistar dirigiendo los ojos a la página abierta de "Rayuela", mientras las orejas restan atentas a la conversación que transcurría a mi derecha. Quizá fuera la particularidad de conocer solo la mitad del diálogo lo que aumentó mi interés por no perderme ningún detalle, consciente de que pudiera algún día como éste sacarle partido narrativo al agravio que inconscientemente esa mujer estaba cometiendo, en aquel lugar, hacía su propia persona, aunque e ella poco le importara. Porqué si hay mente cotilla, evidentemente, esta es una como la mía, tan necesitada de historias, temas e ideas con las cuales rellenar lares cibernéticos como éste. Así que no pretenderé confundir a quien me lea: estaba encantado de asistir a esa representación, que por lo menos rompía la monotonía habitual. Ya sonreía pensando en lo que iba a escribir. Saqué la libreta y apunté, como si de un periodista en una rueda de prensa se tratara, las frases más destacadas, que coincidían plenamente con aquellas que rezumaban una mayor morbosidad en si mismas. Tal es el caso que, aunque aparentemente los demás pasajeros imitaban leer el periódico, mirar por la ventana o dormir (¡qué buenos actores somos cuando no se espera que así actuemos!), todos estábamos con las antenas sintonizadas, atentos a lo que aquellas dos mujeres argüían, sedientos de mezquindades escupidas, de sumo interés propio, de banal importancia personal.
¿Qué carácter implica que airear tu vida privada ante un público tan numeroso además de silencioso, no te importe lo más mínimo? ¿Quizá fuera yo capaz de semejante acción bajo la influencia de la ira que la poseía? A mi entender, y la lástima fuere que no actuara realmente como buen periodista y no le hiciere la correspondiente entrevista, la historia no era tan singular, pero no por ello ausente de pasiones: la mujer agravadora -diremos-, acusaba a la agraviada de acostarse con el padre de ella (se entiende, la agravadora) aprovechando su ausencia. Aquí se introduce el factor clandestinidad, ya que supuestamente la hija del asaltado (sexualmente, pero consentido) también se encargaba de la tarea de vigilar al pobre padre indefenso del ataque de arpías extranjeras, y ésta aprovechó "su día de fiesta"(de la agravadora) para abalanzarse sobre la presa y mantenerlo después en el anonimato. Y afirmo extranjera en base a las notas de qué dispongo, que son, a saber: "tu lo que quieres es traerte a tus hijas...si yo te doblo la edad...vamos a ver quien tiene más fuerza...tu no sabes como soy yo...no me vengas que te conozco...yo prefiero que vuelva con la Carmen antes que contigo...quieres quedártelo todo" Sin mantener necesariamente este orden ni ser exclusivamente tal y como las reproduzco. Así que a pesar de conocer solo la mitad de lo hablado, todo está muy claro...del lado de la agravadora. Por qué pensaría, digo yo: mujer extranjera, más joven que yo, que mi padre ni digamos, se lo tira...¿Qué quiere? Conclusión fácil y llanamente plausible, sin muchos rodeos, sin pensar demasiado: sacarle dinero (y por ende quitármelo a mí). Por otra parte, explicación no necesariamente veraz, desde luego. O no menos egoísta, ¿cierto? Quizá no merece ella más dinero que la amante...quizá no hay dinero por en medio...nada, seguro que hay dinero por en medio.
En definitiva: ¿Lucha generacional? ¿Envidia? ¿Xenofobia? ¿Temor por un padre incapaz de valerse por si mismo (pero si follar)?¿Qué pensaría el padre de todo ello?¿Que querría realmente la agraviada?¿Sentiría amor por el padre? Si fuera así, ¿porqué enfrentarse a la hija, a esa hija precisamente, con el miedo que yo le tendría a una persona así? Dudas con millones de respuestas. Me las guardo para cuando pueda sacar dinero con ellas.
Otra sonrisa asoma en mí pensando en una escena mejorada: agravadora encontrándose a las 9 de la mañana a agraviada y al padre en el mismo tren, en el día de fiesta de la agravante con las hijas de la extranjera en los brazos de él! Final: agravadora cambia nombre de su personaje por el de homicida, seguro.
Moralejas: cuantas verdades pueden darse a partir de una media conversación a las 9 de la mañana en un día cualquiera en un tren abarrotado. Anota siempre aquello que se te antoje interesante, siempre podrás matar el tiempo pensando en ello algún otro día, sin el menor objeto, con todo el sentido. ¿Alguna más? Seguro.
¿Qué carácter implica que airear tu vida privada ante un público tan numeroso además de silencioso, no te importe lo más mínimo? ¿Quizá fuera yo capaz de semejante acción bajo la influencia de la ira que la poseía? A mi entender, y la lástima fuere que no actuara realmente como buen periodista y no le hiciere la correspondiente entrevista, la historia no era tan singular, pero no por ello ausente de pasiones: la mujer agravadora -diremos-, acusaba a la agraviada de acostarse con el padre de ella (se entiende, la agravadora) aprovechando su ausencia. Aquí se introduce el factor clandestinidad, ya que supuestamente la hija del asaltado (sexualmente, pero consentido) también se encargaba de la tarea de vigilar al pobre padre indefenso del ataque de arpías extranjeras, y ésta aprovechó "su día de fiesta"(de la agravadora) para abalanzarse sobre la presa y mantenerlo después en el anonimato. Y afirmo extranjera en base a las notas de qué dispongo, que son, a saber: "tu lo que quieres es traerte a tus hijas...si yo te doblo la edad...vamos a ver quien tiene más fuerza...tu no sabes como soy yo...no me vengas que te conozco...yo prefiero que vuelva con la Carmen antes que contigo...quieres quedártelo todo" Sin mantener necesariamente este orden ni ser exclusivamente tal y como las reproduzco. Así que a pesar de conocer solo la mitad de lo hablado, todo está muy claro...del lado de la agravadora. Por qué pensaría, digo yo: mujer extranjera, más joven que yo, que mi padre ni digamos, se lo tira...¿Qué quiere? Conclusión fácil y llanamente plausible, sin muchos rodeos, sin pensar demasiado: sacarle dinero (y por ende quitármelo a mí). Por otra parte, explicación no necesariamente veraz, desde luego. O no menos egoísta, ¿cierto? Quizá no merece ella más dinero que la amante...quizá no hay dinero por en medio...nada, seguro que hay dinero por en medio.
En definitiva: ¿Lucha generacional? ¿Envidia? ¿Xenofobia? ¿Temor por un padre incapaz de valerse por si mismo (pero si follar)?¿Qué pensaría el padre de todo ello?¿Que querría realmente la agraviada?¿Sentiría amor por el padre? Si fuera así, ¿porqué enfrentarse a la hija, a esa hija precisamente, con el miedo que yo le tendría a una persona así? Dudas con millones de respuestas. Me las guardo para cuando pueda sacar dinero con ellas.
Otra sonrisa asoma en mí pensando en una escena mejorada: agravadora encontrándose a las 9 de la mañana a agraviada y al padre en el mismo tren, en el día de fiesta de la agravante con las hijas de la extranjera en los brazos de él! Final: agravadora cambia nombre de su personaje por el de homicida, seguro.
Moralejas: cuantas verdades pueden darse a partir de una media conversación a las 9 de la mañana en un día cualquiera en un tren abarrotado. Anota siempre aquello que se te antoje interesante, siempre podrás matar el tiempo pensando en ello algún otro día, sin el menor objeto, con todo el sentido. ¿Alguna más? Seguro.
Algo.
10/10/07
Hoy quería escribir algo. Quería pero ahora no sé el qué; ojeo en busca de algún cabo por donde agarrarme, frases inconexas, palabras robadas al vuelo, un mundo de ideas recogido en caligrafía pésima, pero nada. Corto y recorto palabras, suprimo, rehago, puntúo, cambio,... Hay hilos por donde tirar, pero al mismo tiempo no hay. Hoy no hay por donde empezar ¿Qué escribir cuando no sabe uno qué escribir? Escribir sobre nada. ¿Es acaso eso posible? Ciertamente: ¿no podemos pasarnos horas hablando de nada, escuchando hablar de nada?¿Es posible vender algo que no es nada? Y yo digo si: convirtiendo la nada en algo. Solo alguien debe creer que aquello si es algo, que esto lo es. Entonces, en este preciso momento mi nada se vuelve algo por qué tu decides que lo es, no sabes del cierto aún que es exactamente, pero lo intuyes, por lo tanto deseas creer. Y entonces le vendes a alguien mi nada, partiendo de mi 'algo', que te vendí aunque dije que no era nada. Escribo aquello que sí sé: que es que no sé que escribir. Simplemente escribo por escribir. Dejó que mi instinto actúe, y que los sentidos hagan el resto. ¿Porqué acaso existe eso que llaman 'la inspiración', concepto abstracto que pretende conducir la mente hacia la siempre dudosa meta de la creación? Yo en cambio utilizo nada para decirte que es algo. Que a pesar de no escribir sobre nada, aún así escribo sobre algo, sobre la nada.
Ya tengo algo, aquello que venías buscando. La gracia de ello radica en que precisamente esa ausencia de algo, la práctica nulidad de lo que empieza, conduce y termina en algún lugar concreto, en alguna idea o concepto, se vuelve en sí mismo el camino, algo inconexo, cierto, pero con sentido, con algo.
No soy partidario de creerme a 'la inspiración', esa que unas veces viene y otras se va. La fuerza, nuestra fuerza, siempre está, lo que ocurre en ocasiones es que pretendemos volar ligeros, cuando quizá debamos caminar por entre la maleza, peleándonos con ella, lo que no convierte nada en inaccesible, simplemente lo agudiza, volviéndose más exigente, por mucho que la meta sea la misma. Por eso hay que luchar en contra de 'la inspiración', ya que no existe, por qué es algo que siempre está en ti, y algo que siempre está no puede nunca no estar, motivo por el cual no merece el término existir, cuando pretendemos quejarnos por su ausencia.
Y aquí llegué, sudando más que de costumbre, pero hablando como de costumbre, de algo; hoy de falsos mitos, de esfuerzo, de ideas, de tenacidad, de giros conceptuales, de la pereza, de excusas, y por supuesto, como siempre, de mi.
Ya tengo algo, aquello que venías buscando. La gracia de ello radica en que precisamente esa ausencia de algo, la práctica nulidad de lo que empieza, conduce y termina en algún lugar concreto, en alguna idea o concepto, se vuelve en sí mismo el camino, algo inconexo, cierto, pero con sentido, con algo.
No soy partidario de creerme a 'la inspiración', esa que unas veces viene y otras se va. La fuerza, nuestra fuerza, siempre está, lo que ocurre en ocasiones es que pretendemos volar ligeros, cuando quizá debamos caminar por entre la maleza, peleándonos con ella, lo que no convierte nada en inaccesible, simplemente lo agudiza, volviéndose más exigente, por mucho que la meta sea la misma. Por eso hay que luchar en contra de 'la inspiración', ya que no existe, por qué es algo que siempre está en ti, y algo que siempre está no puede nunca no estar, motivo por el cual no merece el término existir, cuando pretendemos quejarnos por su ausencia.
Y aquí llegué, sudando más que de costumbre, pero hablando como de costumbre, de algo; hoy de falsos mitos, de esfuerzo, de ideas, de tenacidad, de giros conceptuales, de la pereza, de excusas, y por supuesto, como siempre, de mi.
Corre por tus venas
15/9/07
Transcribo literalmente de mi cuaderno:
05:19 de la manyana, estacion de tren de Timisoara, Rumania.
Ahora es el momento de hacerlo. Mientras aguardo el ultimo de los trenes que va a llevarme a mi destino final por el momento, Belgrado, puedo ocuparme de escribir, esta vez no solo para mi, desde un banco pintado de azul, en el anden numero siete de la estacion de ferrocarriles de Timisoara, en el oeste de Rumania. Alguien arrastra una maleta por mis espaldas, la noche es tranquila, hay poca gente en la estacion. En frente, las malas hierbas cubren vias ya en deshuso. En eso que se me ocurre que quiza a los oidos de muchos, incluso a los mios hace solo un par de meses, el nombre de la ciudad puede resultarle recondito. A pesar de ello, aqui fue precisamente donde tuvo lugar el levantamiento popular que luego se propagaria por todo el pais y, revolucionado, llevaria a la captura, proceso, condena y ejecucion de Ceaucescu,...asi que tras lo adormilado que parece todo y las tristes existencias que muchos ahi presentes parecen llevar, en ese lugar debe de haber vida!
De todos modos, la estacion tiene un aspecto decrepito; varios perros se acurrucan en la entrada principal, aguardando restos de comida. Junto a ellos, tambien hay algunos personajes que no me atrevo a pronosticar que es lo que esperan, o lo que hacen, vagando sin rumbo, como si sus vidas, perdidas, tuvieran que estar escondidas en algun rincon. Pasajeros que llegan y se van, no muchos, a pesar de los mas de trescientos mil habitantes de la ciudad. El olor a orin es a veces intenso, mas cuando uno quiere acceder a los andendes por el paso subterraneo. Pero no insoportable. Y en cambio yo, mientras una vieja locomotora diesel rompe el silencio con su traqueteo, y a pesar de todo lo mencionado, los escalofrios que me sacuden el frio, las horas en vela entre tren y tren, asiento y asiento y el dolor de espalda, es ahora mas que nunca cuando pienso: joder! estoy vivo! estoy mas vivo que nunca!
05:19 de la manyana, estacion de tren de Timisoara, Rumania.
Ahora es el momento de hacerlo. Mientras aguardo el ultimo de los trenes que va a llevarme a mi destino final por el momento, Belgrado, puedo ocuparme de escribir, esta vez no solo para mi, desde un banco pintado de azul, en el anden numero siete de la estacion de ferrocarriles de Timisoara, en el oeste de Rumania. Alguien arrastra una maleta por mis espaldas, la noche es tranquila, hay poca gente en la estacion. En frente, las malas hierbas cubren vias ya en deshuso. En eso que se me ocurre que quiza a los oidos de muchos, incluso a los mios hace solo un par de meses, el nombre de la ciudad puede resultarle recondito. A pesar de ello, aqui fue precisamente donde tuvo lugar el levantamiento popular que luego se propagaria por todo el pais y, revolucionado, llevaria a la captura, proceso, condena y ejecucion de Ceaucescu,...asi que tras lo adormilado que parece todo y las tristes existencias que muchos ahi presentes parecen llevar, en ese lugar debe de haber vida!
De todos modos, la estacion tiene un aspecto decrepito; varios perros se acurrucan en la entrada principal, aguardando restos de comida. Junto a ellos, tambien hay algunos personajes que no me atrevo a pronosticar que es lo que esperan, o lo que hacen, vagando sin rumbo, como si sus vidas, perdidas, tuvieran que estar escondidas en algun rincon. Pasajeros que llegan y se van, no muchos, a pesar de los mas de trescientos mil habitantes de la ciudad. El olor a orin es a veces intenso, mas cuando uno quiere acceder a los andendes por el paso subterraneo. Pero no insoportable. Y en cambio yo, mientras una vieja locomotora diesel rompe el silencio con su traqueteo, y a pesar de todo lo mencionado, los escalofrios que me sacuden el frio, las horas en vela entre tren y tren, asiento y asiento y el dolor de espalda, es ahora mas que nunca cuando pienso: joder! estoy vivo! estoy mas vivo que nunca!
Soneto al incordio veraniego
1/6/07
Habitante impasible de la noche,
principal quebrantador de los nervios.
Invitado de los que salen ebrios
a golpe de balde, de darle al ponche.
¡Cobarde! Te descubres a las once,
solo cuando ausente la luz y el genio
tu zumbar de trompetilla rompe el tedio y
termina hacer por levantar las voces.
No es debido a que seas tu la hembra
es más por esto otro: porqué te escondes
y por la piel mañana, cuando quema.
¡Ay! Si por alguna vez me dieras tregua;
no te perseguiría mientras jodes
a los demás que también tienen lengua.
principal quebrantador de los nervios.
Invitado de los que salen ebrios
a golpe de balde, de darle al ponche.
¡Cobarde! Te descubres a las once,
solo cuando ausente la luz y el genio
tu zumbar de trompetilla rompe el tedio y
termina hacer por levantar las voces.
No es debido a que seas tu la hembra
es más por esto otro: porqué te escondes
y por la piel mañana, cuando quema.
¡Ay! Si por alguna vez me dieras tregua;
no te perseguiría mientras jodes
a los demás que también tienen lengua.
Sucede (ideas contenidas)
10/5/07
Puede que fuera aquel día que comiste alubias con chorizo y te entró uno de esos apretones que duelen de verdad; Puede que fueran solo las ganas de tirar-te un pedo mientras estabas en aquella exposición, por cierto, a la que asististe como un verdadero intelectual: wikipediando al autor, citando a contemporáneos, contextualizando la época de las pinturas,... Puede que fuera ese día o cualquier otro en el que saliste disimuladamente de la sala 2 para liberar gustosamente tu excedente de metano corporal. Aquél día, en el momento de gran placer que supuso aquel alivio gastrointestinal, tuviste la mala fortuna de que tu pareja, a la que conociste una semana antes, no sin grandes esfuerzos ni sacrificios económicos, siguió tus pasos hacia fuera mientras te veía abandonar la sala 2 pensando que algo malo te ocurría.
Muchas veces te preguntas porqué después de la primera cita nunca más vuelves a saber nada. Esa vez no lo hiciste.
Muchas veces te preguntas porqué después de la primera cita nunca más vuelves a saber nada. Esa vez no lo hiciste.
Todavía no.
25/4/07
La espera impaciente.
Patología habitual
que
resuelve la duda principal:
quien aguarda nunca resuelve.
Corazón inexperto
que nunca aprende
en cambio,
que siempre pretende
soñar que cierto,
el momento llegue.
Vuela y vuela antes que ascienda
Alto, ¡más alto!
más:
¡Alto! no es a ti a quien esperan.
Son ellos que resquebrajan
la imagen del momento que barajas,
...los canales y ciclos sin riendas
...los que aparecen en la nube
Son las enmiendas,
las de la urbe.
Patología habitual
que
resuelve la duda principal:
quien aguarda nunca resuelve.
Corazón inexperto
que nunca aprende
en cambio,
que siempre pretende
soñar que cierto,
el momento llegue.
Vuela y vuela antes que ascienda
Alto, ¡más alto!
más:
¡Alto! no es a ti a quien esperan.
Son ellos que resquebrajan
la imagen del momento que barajas,
...los canales y ciclos sin riendas
...los que aparecen en la nube
Son las enmiendas,
las de la urbe.
Liev
11/1/07
Cuando te enfrentas al reto de leer un libro que de antemano sabes que va a arrastrarte durante un largo periodo de tiempo, por la trascendencia que eso supone, la decisión que a ello te conduce no debe tomarse a la ligera. La respuesta lógica a esta afirmación es evidente, ya que además, sabes que aquel libro, por la densidad y extensión en la que está constituido, va a exigir de ti una gran capacidad de concentración, dedicación y de motivación al abordarlo; además, un acto de capitulación en tus ideas una vez iniciado el camino, provocaría, primero, una merma en tu autoestima para afrontar nuevos retos en el futuro, y en segundo lugar, podría hacerte perder quizá la oportunidad única de leer una historia realmente increíble, imprescindible.
A pesar de lo dicho, sucede habitualmente que un día nos levantamos con la entera convicción de llevar a cabo tal o cual propósito; uno de estos días puede que se nos ocurra el de leer un libro de mil quinientas páginas. Talvez algunos lo llamarían un despropósito, aunque si algunos (y no pocos) hemos llegado a tal decisión, aunque nos parezca que ésta la hemos tomado un día al abrir los ojos, libremente, no es menos que porque hay una serie de indescifrables e innumerables razones que nos han conducido indefectiblemente a ello; una de ellas sin duda es porque identificamos detrás de las palabras del nombre del libro y del autor del mismo, algo extraordinario.
Yo acabo de terminar ‘Guerra y Paz’. Hace treinta minutos. Y al decir esto puedo afirmar también que siento un gran orgullo por este mismo hecho. La tarea de concebir una lectura como esta no es nada fácil; los mecanismos que me han conducido durante todas y cada una de las páginas me son misteriosos, así como la concepción del tiempo que transcurre dentro de la novela, y todo el que ha transcurrido leyéndola. La capacidad de absorción que una obra de estas características contiene, que hace que los personajes se vuelvan más y más reales a medida que su vida, como la tuya, avanza, así como la innegable identificación personal con la historia, te lleva a elevar lo que acabas de acometer a los más altos niveles de elogio y abstracción, llegando a afectarte de tal manera que no hay modo de separarse de ello; la novela acaba por formar parte de ti; el autor acaba por entrar en tu corazón y aquél tiempo que León te dominó parece algo imposible.
Necesito reflexionar más a fondo sobre lo que hoy termino;
necesito fuerzas para tomar un nuevo rumbo.
Voy a escribir más sobre él,
la afección que me genera no hace más que empujarme a ello.
A pesar de lo dicho, sucede habitualmente que un día nos levantamos con la entera convicción de llevar a cabo tal o cual propósito; uno de estos días puede que se nos ocurra el de leer un libro de mil quinientas páginas. Talvez algunos lo llamarían un despropósito, aunque si algunos (y no pocos) hemos llegado a tal decisión, aunque nos parezca que ésta la hemos tomado un día al abrir los ojos, libremente, no es menos que porque hay una serie de indescifrables e innumerables razones que nos han conducido indefectiblemente a ello; una de ellas sin duda es porque identificamos detrás de las palabras del nombre del libro y del autor del mismo, algo extraordinario.
Yo acabo de terminar ‘Guerra y Paz’. Hace treinta minutos. Y al decir esto puedo afirmar también que siento un gran orgullo por este mismo hecho. La tarea de concebir una lectura como esta no es nada fácil; los mecanismos que me han conducido durante todas y cada una de las páginas me son misteriosos, así como la concepción del tiempo que transcurre dentro de la novela, y todo el que ha transcurrido leyéndola. La capacidad de absorción que una obra de estas características contiene, que hace que los personajes se vuelvan más y más reales a medida que su vida, como la tuya, avanza, así como la innegable identificación personal con la historia, te lleva a elevar lo que acabas de acometer a los más altos niveles de elogio y abstracción, llegando a afectarte de tal manera que no hay modo de separarse de ello; la novela acaba por formar parte de ti; el autor acaba por entrar en tu corazón y aquél tiempo que León te dominó parece algo imposible.
Necesito reflexionar más a fondo sobre lo que hoy termino;
necesito fuerzas para tomar un nuevo rumbo.
Voy a escribir más sobre él,
la afección que me genera no hace más que empujarme a ello.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado.
Juan Ramón Jiménez
