Últimamente se me ocurren infinidad de cosas para escribir; mirando por la ventana, escuchando a alguien hablar, en un bar mirando las cosas colgadas en la pared, fumándome un porro (ahí especialmente), incluso simplemente pensando, en el metro, caminando, escuchando música,…Y eso, a pesar de no anotar todo lo que me pasa por la cabeza, se va acumulando dentro de mí y a medida que crecen la ideas van incitándome cada vez más intensamente para que construya al fin algo con ellas. Son como señales que van llegando a mi consciencia para que reaccione y no lo deje pasar; para que lo utilice.
Pero al fin lo que me sucede, como suceden muchas cosas en la vida que cuando uno puede no quiere y al revés, ahora no tengo tiempo para escribir nada. De hecho, no me salen las cuentas del porqué no consigo ahorrar un poco de tiempo para esto. Supongo que me está sucediendo con muchas más cosas en las que querría dedicar una parcela de mi día y a las que no puedo atender.
Dicen que es algo cíclico, que siempre volvemos al mismo punto: en mi caso, entre otros, cíclicamente me sacude la idea del Tiempo, o la pregunta con las mil respuestas y el millón de dudas. Y siempre me jode pensar en él porqué se que precisamente es perderlo, es como pensar en alguien conocido con quien siempre quisiste acostarte porqué querrías verle desnudo, descubrir toda su forma y disfrutar de su esencia, pero ese alguien, tan amable y cercano como de costumbre, siempre te rechazó y te quedaste a medias: le conoces bien pero no lo suficiente, y te agota y te frustra no poderle ver en todo su ser. Y bien, así es el Tiempo: alguien a quien te follarías porque siempre le tienes ahí, metiéndose en tu vida e influyendo en ella, pero que cuando te giras y te acercas para tocarle, se aparte y te espeta irónico: “no, si somos solo amigos”.
Cannabis y otros defectos
Ayer volvía a aparecer en televisión la maquinaria en contra del consumo de cannabis . Como cada vez que ocurre, cantidades ingentes de información sesgada e incierta apareció en antena. Dicen que la percepción de que no es una droga crece entre los jóvenes…pero ¿y la del alcohol? Ya no por los jóvenes sinó por el resto de víctimas sociales alcoholizadas. Sin embargo, de una cuestión hay que percatarse; el hecho de que cada vez más chavales jóvenes consuman hachís o maría es un dato a tener en cuenta, más por el hecho de que sí, es una droga, una más, y que además es suministrada sin ningún tipo de control (es lo que tiene al ser ilegal) con los prejuicios que evidentemente puede eso acarrear. Pero el tema es otro (odio poner el tono de seriedad tipo científico-adoctrinador al que recurro a veces) Reconozco que yo también fui prematuro en este sentido, y aunque no por ello me vi afectado de un modo irreversible, si debo aceptar que quizá ahora, de no haber fumado tantos porros tendría mejor memoria. De hecho, me pongo a escribir ahora porqué me ocurre muchas veces de olvidarme de ideas que vinieron a mi cabeza; por ese motivo, siempre intento tener algún papel y bolígrafo cerca, o llevar una libreta encima, aunque hay que superar la pereza muchas veces para levantarse e ir en su busqueda. Puede que sea falta de conocimiento de uno mismo, ya que me suelo decir que no me voy a olvidar, aunque la realidad es que sí lo sé; es la pereza la que me convence de que no lo sé, de que me voy a acordar: “¿Cómo voy a olvidarme de esto, con lo bueno que es? Pienso.” “Si es genial –constato, claudicando a mi vanidad-.” ¿Cuántas buenas ideas se habrán escapado por culpa de mi memoria o de no anotarlas debidamente (o de mi vanidad)? Sin duda alguna que ahí entran en juego los efectos del cannabis, que ya no uso, pero que aún actúan. Lo malo es que no sé que parte se debe a ello y que parte a mi propia torpeza o defección genética en el acto de memorizar; al no poder comparar con un yo “sin haber fumado porros” no puedo analizarlo objetivamente, pero la verdad es que no me preocupa en exceso. La memoria es algo que se ejercita y que puede mejorarse ...según Brain Training). Pero en fin, que lo cierto es que me he puesto a escribir porqué ayer se me ocurrió algo genial que no anoté, sucedió antes de irme a dormir, y en aquél momento la pereza si que era monumental, insuperable. Pero lo que me jode más de todo es que nunca me acuerdo de la idea pero siempre de que la tuve (que por otra parte me hizo escribir ahora, lo cual es bueno, ¿o no?), lo que incrementa aún más si cabe el sentimiento de frustración en mí; luego estoy dándole vueltas a lo olvidado una y otra vez a ver si lo encuentro por ahí archivado…cosa que casi nunca sucede. Bueno, una vez me acuerdo que me acordé, en la ducha. Por supuesto que no lo anoté (¿que queréis? Estaba metido en la ducha) y se me olvidó. ¿Que mala pata verdad? ¿No será que los porros actúan sobre las ideas pero en cambio, para putearnos un poco, dejan intacta a la parte que permite que nos acordemos que un día, lejano o no, tuvimos ideas? ¡Encima! Por lo menos si no nos acordáramos ni de una cosa ni de otra ni nos lo plantearíamos…yo como sí sufro acordándome de que no me acuerdo, voy a seguir con mi boli y mi libreta pegados...a pesar de mi pereza.
The Host of Seraphim
22/9/06
Dentro de las voluntades y designios que nuestro más que debatido sistema económico genera, altamente dispar e injusto en cuanto a distribución de rentas se refiere, se engloban una serie de cualidades o causas propias que no distinguen de cunas o procedencias. Esos mecanismos dados, algunas veces ya restrictivos por si mismos, encierran un principio igualitario que los hace curiosamente distintos a los principios de dominación de poder, que a través del dinero, el capitalismo conlleva. Aunque bien pensado tampoco se podría afirmar que tales excepciones igualitarias arrastren consigo algún efecto positivo a ricos y pobres, al menos no por el momento, son sin duda casos a tener en cuenta. Y lo son debido a que es entonces cuando, a pesar de la más que segura negativa de aquellos que poseen fortunas en aceptar tales situaciones, todo aquél implicado en ellas pierde casi por completo su estatus económico y social y pasa a formar parte de un grupo prácticamente homogéneo.
Para hacerme entender, vamos a tratar de visualizarlo en una situación que muchos de nosotros hemos padecido de alguna forma. Hablo de los retrasos en los aeropuertos; esa horrible e inevitable espera en una Terminal determinada de un aeropuerto determinado, exactamente igual a cualquier Terminal en cualquier aeropuerto. En esos momentos de frustración durante la espera, todos somos víctimas por igual: da igual de dónde seamos, de que color tengamos la piel o de si tenemos una bonita casa, de si nuestro coche habla o de si acabamos de vender ciertos activos de tal empresa porqué poseemos información privilegiada que nos advierte de la inminente quiebra. I da lo mismo por que puede darse el caso de que en la misma situación en la que tu te encuentras – allí sentado, esperando –, haya alguien a quien el banco le acabe de quitar la casa y se encuentre arruinado, o alguien que esté intentando pasar la frontera con un pasaporte ilegal para buscarse una vida mejor, o incluso puede que algún feliz empleado de la empresa de la cual tu te acabas de vender los activos vuelva de sus felices vacaciones con su feliz familia.
Pero no vamos a ser excesivamente demagogos –¿quién puede evitar serlo un poco?-, acortaremos márgenes: Puede que ni aquellos verdaderamente pobres viajen en avión – aunque se puede ser muy pobre y hacerlo para emigrar - y que aquellos que son extremadamente ricos tengan su avión privado que les eluda esperar –aunque a veces los retrasos sean por razones meteorológicas-. Puede que todo esto suceda, así como que aquellos tocados con la vara del dinero tengan una espera más confortable en una sala aparte, o incluso puede que compren otro billete o que pasen el tiempo perdiendo un dinero que no les hace falta en el casino del aeropuerto, distraídos y divertidos. Así es posible que suceda, ya sabemos todos que las leyes universales no son muchas, y que incluso ésas pueden estar equivocadas nosotros sin saberlo, aunque nuestro ser consciente no nos va a negar que es ahí cuando un conglomerado de personas de distinta procedencia se reúne, y es en esas situaciones de impotencia, de espera forzada, donde el dinero pierde su valor más esencial: el poder. Es durante aquella espera, sentados en aquella silla que al principio nos pareció cómoda, volviendo la cabeza de vez en cuando para mirar en algún marcador electrónico cuanto nos queda allí sentados, observando las a veces inexpresivas, a veces agotadas caras de aquellos que nos rodean, es entonces cuando la división de clases que el hombre creó ya hace mucho desaparece casi por completo y deja paso a un sentimiento único: la frustración y hasta incluso la fraternidad con los demás allí damnificados. Por que no vamos a negar que uno de nuestros bienes más preciados, e igualmente valorado tanto por parte de ricos como de pobres, es este nuestro Tiempo, aquél con mayúscula, ya que todos sabemos lo escaso que nos es.
¿Quién puede entonces gritarle a la chica inocente de facturación que es tal o cual y que debe hacer algo por remediar la situación? O mejor: ¿Quién va a conseguir algo por ser alguien rico? No, solo queda esperar y mitigar la ira creciente, y pensar quizá en escribir algo sobre lo que está ocurriendo, como yo hice entonces.
Para hacerme entender, vamos a tratar de visualizarlo en una situación que muchos de nosotros hemos padecido de alguna forma. Hablo de los retrasos en los aeropuertos; esa horrible e inevitable espera en una Terminal determinada de un aeropuerto determinado, exactamente igual a cualquier Terminal en cualquier aeropuerto. En esos momentos de frustración durante la espera, todos somos víctimas por igual: da igual de dónde seamos, de que color tengamos la piel o de si tenemos una bonita casa, de si nuestro coche habla o de si acabamos de vender ciertos activos de tal empresa porqué poseemos información privilegiada que nos advierte de la inminente quiebra. I da lo mismo por que puede darse el caso de que en la misma situación en la que tu te encuentras – allí sentado, esperando –, haya alguien a quien el banco le acabe de quitar la casa y se encuentre arruinado, o alguien que esté intentando pasar la frontera con un pasaporte ilegal para buscarse una vida mejor, o incluso puede que algún feliz empleado de la empresa de la cual tu te acabas de vender los activos vuelva de sus felices vacaciones con su feliz familia.
Pero no vamos a ser excesivamente demagogos –¿quién puede evitar serlo un poco?-, acortaremos márgenes: Puede que ni aquellos verdaderamente pobres viajen en avión – aunque se puede ser muy pobre y hacerlo para emigrar - y que aquellos que son extremadamente ricos tengan su avión privado que les eluda esperar –aunque a veces los retrasos sean por razones meteorológicas-. Puede que todo esto suceda, así como que aquellos tocados con la vara del dinero tengan una espera más confortable en una sala aparte, o incluso puede que compren otro billete o que pasen el tiempo perdiendo un dinero que no les hace falta en el casino del aeropuerto, distraídos y divertidos. Así es posible que suceda, ya sabemos todos que las leyes universales no son muchas, y que incluso ésas pueden estar equivocadas nosotros sin saberlo, aunque nuestro ser consciente no nos va a negar que es ahí cuando un conglomerado de personas de distinta procedencia se reúne, y es en esas situaciones de impotencia, de espera forzada, donde el dinero pierde su valor más esencial: el poder. Es durante aquella espera, sentados en aquella silla que al principio nos pareció cómoda, volviendo la cabeza de vez en cuando para mirar en algún marcador electrónico cuanto nos queda allí sentados, observando las a veces inexpresivas, a veces agotadas caras de aquellos que nos rodean, es entonces cuando la división de clases que el hombre creó ya hace mucho desaparece casi por completo y deja paso a un sentimiento único: la frustración y hasta incluso la fraternidad con los demás allí damnificados. Por que no vamos a negar que uno de nuestros bienes más preciados, e igualmente valorado tanto por parte de ricos como de pobres, es este nuestro Tiempo, aquél con mayúscula, ya que todos sabemos lo escaso que nos es.
¿Quién puede entonces gritarle a la chica inocente de facturación que es tal o cual y que debe hacer algo por remediar la situación? O mejor: ¿Quién va a conseguir algo por ser alguien rico? No, solo queda esperar y mitigar la ira creciente, y pensar quizá en escribir algo sobre lo que está ocurriendo, como yo hice entonces.
ya.va
4/9/06
Puede que llegue el caso en que ningún tipo de estímulo exterior afecte el estado del sujeto. A eso le podríamos incluso llamar pasividad neuronal, aunque la actividad del paciente en estudio presente unos esquemas totalmente normales, incluso en cierto punto por encima de la media general. ¿Qué es lo que constituye la anormalidad entonces? Sin duda alguna la pasividad reflejada a los estímulos externos, que podría traducirse como síntoma de algún tipo de desatención psico-emocional derivada probablemente de un trauma en la etapa de crecimiento estructural, que en el caso en que nos ocupa no demostraría más que el ansia por evadirse de un mundo en el cual los intercambios afectivos para el paciente en cuestión han resultado ser fallidos, han provocado que los intentos por atraer la capacidad comunicativa y desencadenar algún tipo de reacción emocional hayan resultado igualmente fallidos.
Todo lo anterior me lleva a pensar que la capacidad constructiva del sujeto creador en cuestión se está viendo afectada positivamente, asumiendo con éxito creciente las tareas de estructuración en textos imaginativamente complejos teniendo en cuenta el grado y estadio del aprendizaje en el que se encuentra, constituyendo a la vez un ejercicio altamente válido para la progresión en el campo de la interpolación de verbos subordinados y conjugados, frases perifraseadas, así como la constatación personal de una mejoría narrativa. Al mismo tiempo aumenta la concepción interior de realidad, asumiendo el riesgo de un posible rechazo a ojos científicos, que no harían más que mermar momentáneamente la firme voluntad creadora, más diría el ego social, sobreponiéndome al instante debido a la férrea determinación que me lleva a soltar las más estúpidas estupideces convencido de la belleza global del esquema.
Todo lo anterior me lleva a pensar que la capacidad constructiva del sujeto creador en cuestión se está viendo afectada positivamente, asumiendo con éxito creciente las tareas de estructuración en textos imaginativamente complejos teniendo en cuenta el grado y estadio del aprendizaje en el que se encuentra, constituyendo a la vez un ejercicio altamente válido para la progresión en el campo de la interpolación de verbos subordinados y conjugados, frases perifraseadas, así como la constatación personal de una mejoría narrativa. Al mismo tiempo aumenta la concepción interior de realidad, asumiendo el riesgo de un posible rechazo a ojos científicos, que no harían más que mermar momentáneamente la firme voluntad creadora, más diría el ego social, sobreponiéndome al instante debido a la férrea determinación que me lleva a soltar las más estúpidas estupideces convencido de la belleza global del esquema.
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Juan Ramón Jiménez
