Sex, lies and videotapes

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12/12/07

El mundo se construye a partir de estereotipos. El otro día, mientras Juan Palomo se guisaba unos macarrones, yo pensaba en la verdad que nos traiciona. Y me decía:

Los pijos hablan con la "a", los gays son exageradamente promiscuos; no conozco historia de gays sin menos de dos, los ingenieros no tienen capacidad de abstracción, en cambio (convencido): los fumetas hablan del significado de la vida, del universo, de las virtudes y los defectos, de la hipocresía del mundo, del alma vanidosa, de las noches mágicas, y llegan a confesar un pecado, revivir el pasado, llorar de la risa, hasta puede que consigan ver el futuro, soñar un destino presente, recuperar la sonrisa oculta...

Eso me decía...sí...el otro día, ahí tumbado, bien doblado.

¿En qué nos hace mejores ver el interior de la cebolla si ya intuimos lo que finalmente comprobamos?

Muros

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28/11/07

-Hay demasiados filtros en las realidades ajenas, es imposible creer en ellas, ¿te diste cuenta? No son más que distorsiones que nos influyen del mismo modo que ellas mismas han sido influenciadas por otras.
-¡Venga ya!¿No crees que fumaste ya bastante?
-De verdad te lo digo: ¿no ves lo que ocurre cuando hablas con alguien y te das cuenta que reproduces lo que te dijeron así de golpe, sin tu haberte preocupado de analizarlo cuidadosamente? Puede que hables de un país, de alguien conocido, y te atrevas a decir que es que allí se comen a los pollos vivos o que se ve que el otro es muy vicioso, cuando en realidad lo oíste de tu vecina, que quizá lo había oído de la radio -aunque sea medio sorda-, y aunque sepas que no escucha la radio.
-Mira colega no se pa que me junto yo contigo que siempre me metes esos rallazos. Cuando pillas el papel de argentino psicoanalista no hay quien te soporte. ¡Qué no! Que a mi no me engañas más.
-Lo que yo te digo, demasiados filtros, demasiados tópicos, demasiada pereza.

Un día (versión dulcificada)

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24/11/07

-Ya estoy harto de miradas, ¡necesito conocerte! -dijo por fin-.
Aunque para él fuera el producto de muchas noches de cavilaciones en el tren, la cama, y cualquier otro sitio en el que se apareciese la dulce idea de la posibilidad, la sorpresa asoma en el rostro de Clara, quien estaba ya acostumbrada al juego del que tomaban partido, y con cuya ruptura todos sus esquemas son también desbaratados.
-¿Que es lo que quieres conocer? -responde sin pensarlo, con la firme voluntad de dejarle toda la iniciativa a él, por fin valeroso de enfrentarse a ese mundo imaginario, intuitivo y ya para siempre más en el pasado-.
-Quiero responder el por qué -se apresura a decir, despojándose instantáneamente del terror que ese momento sabía que le produciría-. Necesito saber por qué nunca me escribiste y a pesar de ello seguimos con ese juego interminable, que logra abstraerme amargamente.
-Yo no juego a nada. Te conozco de hace tiempo, de verte por aquí, pero no sé de qué me hablas: yo nunca pude escribirte por qué nunca tuve donde.
La poca credibilidad que esas palabras tenían hicieron que se echase a reír, incapaz de comprender una reacción que nunca sopesó, a pesar de la multitud de variantes que había llegado a imaginar. Esa situación, sin embargo, por fin estaba dando lugar y su excitación era máxima.
-Desde luego que eso es algo que nunca imaginé que dirías -dijo, sincerándose-. Sin embargo, quiero conocerte, ¡necesito conocerte! Debo liberar mi mente ilusa de alguien tan recurrente como tu. Es más, casi prefiero que conocerte signifique perder el interés por ti, ya que enamorarme de ti sería doloroso de soportar...aunque no podría evitarlo.
-¿Ah, si? -dijo, sin reflejar interés alguno, pero con las piernas a punto de fallarle- ¿Y entonces: qué quieres de mí?
-Pues eso, quiero, deshacer de una vez el mito en que te convertiste, demostrarme a mi mismo que no eres más especial que el resto. Como ves, es algo muy egoísta, pero: ¿a caso no nos enamoramos por como nos ven? Y yo no sé como me ves, pero puedo imaginármelo. Es por ello que quiero conocerte, por así decirlo: que me conozcas va a darme una opinión de como me ves, y seguramente va a ser menos optimista de lo que yo imagino que es...
- ¿Así que es un acto puramente egoísta? -dijo mirando por la ventana, con cara de decepción.
-Digamos que puede ser una estrategia para quitarle importancia al asunto, aunque como ya dije, todos somos egoístas. Yo, además de egoísta, soy sincero. ¿Es eso importante para ti?
-¿Para mi? Pues si, y bastante. Pero ¿a qué asunto te refieres?
-Al hecho de encontrarme aquí, contigo. Finalmente. También tengo miedo al fracaso.
-Algo que todo el mundo tiene ¿verdad? -apuntó, aguda.
-Exacto. Sería lamentable tener que soportar, después de todo este tiempo sin conocer apenas tu voz, sería lamentable tener que vivir con el dolor de tu ignorancia. Y muy pesado. Por ello puede que intente hacerte ver que no es por ti, que realmente es por mi, así no sospecharías cuanto me afectaría tu rechazo. Pero no sé si me entiendes...ya ves que le he dado muchas vueltas a todo. Ahora voy y me descubro solo hablando un par de minutos...
-Creo que no te entiendo, pero es cierto: eres sincero. Y me gusta ¿Tomamos un café?

Hablo de María, ¿queda claro?

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20/11/07

A Marisol Parreira le daba pereza levantarse del sofá. Todo debía de apuntar para no olvidarse. A cualquier cita, por ejemplo, llegaba tarde; no por desidia, más por descuidar del Tiempo. Es conocido que un día, cuando el sueño era ya insoportable, fue y volvió durante horas y horas metida en el mismo tren. Cuando alguien le advirtió de que empezaba a roncar, simplemente se despertó, miró indiferente a su alrededor y salió en la siguiente estación. Curiosamente era la suya. Al llegar a casa, Marisol se quitaba la ropa muy, muy lentamente. En invierno el proceso era aún más doloroso: primero la bufanda colgada en la entrada...la chaqueta encima..."ay...ahora entra, sácate el jersey, ahora los zapatos...los pantalones", y pum! el móvil que se cae del bolsillo. "Qué tonta -piensa María-siempre me pasa lo mismo", entonces recoge el aparato: la batería por un lado, tírate al suelo que la tapa se fue debajo de la cama, junta todo de nuevo..."ayyy"...se queja María mientras se pone camisón y un batín de lo mas kitsch, dispuesta a tirarse encima de su mejor amigo, el sofá. Allí es donde Marisol se siente mejor con María. Sin nada importante que hacer, solo ella, el sofá, un libro y sus ideas. No como quitarse la ropa. Banalidades.

Perfecta

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"Viviste siempre entre esquinas, sin embargo, prefieres las casas redondas, las de esos lugares donde los bordes no duelen porqué la imperfección no existe". "¿Has visto nunca ciudades perfectas? Ésas, sí. Las que tu imaginación dobla hasta tener al alcance, a la misma distancia del centro."




Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado.

Juan Ramón Jiménez

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