Día de acción del blog.

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18/10/07

"Un día que yo tengo fiesta y tu vas y te tiras a mi padre..." Tomé asiento escuchando tal conversación. Medio dormido, giré levemente la cabeza para visualizar de qué boca salían tales agravios; una mujer de mediana edad, de voz imprecisa, parca en palabras pero suelta en afirmaciones hablaba por teléfono supuestamente con la amante de su padre. Camino a la universidad la lectura no fue posible en tales circunstancias: la necesidad de atender al sujeto de mi libro, entregado de conciencia, factible en la mayoría de trayectos en los cuales los ruidos extraños se ausentan, si más no en semejantes ondas y en tan alterado tono, se convirtió en tarea inalcanzable, y por tanto me rendí a lo que acontecía. No voy a menospreciar, sin embargo, la curiosidad que asoma ante tales sucesos, y que es, cuanto menos, suficientemente vivaz como para despistar dirigiendo los ojos a la página abierta de "Rayuela", mientras las orejas restan atentas a la conversación que transcurría a mi derecha. Quizá fuera la particularidad de conocer solo la mitad del diálogo lo que aumentó mi interés por no perderme ningún detalle, consciente de que pudiera algún día como éste sacarle partido narrativo al agravio que inconscientemente esa mujer estaba cometiendo, en aquel lugar, hacía su propia persona, aunque e ella poco le importara. Porqué si hay mente cotilla, evidentemente, esta es una como la mía, tan necesitada de historias, temas e ideas con las cuales rellenar lares cibernéticos como éste. Así que no pretenderé confundir a quien me lea: estaba encantado de asistir a esa representación, que por lo menos rompía la monotonía habitual. Ya sonreía pensando en lo que iba a escribir. Saqué la libreta y apunté, como si de un periodista en una rueda de prensa se tratara, las frases más destacadas, que coincidían plenamente con aquellas que rezumaban una mayor morbosidad en si mismas. Tal es el caso que, aunque aparentemente los demás pasajeros imitaban leer el periódico, mirar por la ventana o dormir (¡qué buenos actores somos cuando no se espera que así actuemos!), todos estábamos con las antenas sintonizadas, atentos a lo que aquellas dos mujeres argüían, sedientos de mezquindades escupidas, de sumo interés propio, de banal importancia personal.

¿Qué carácter implica que airear tu vida privada ante un público tan numeroso además de silencioso, no te importe lo más mínimo? ¿Quizá fuera yo capaz de semejante acción bajo la influencia de la ira que la poseía? A mi entender, y la lástima fuere que no actuara realmente como buen periodista y no le hiciere la correspondiente entrevista, la historia no era tan singular, pero no por ello ausente de pasiones: la mujer agravadora -diremos-, acusaba a la agraviada de acostarse con el padre de ella (se entiende, la agravadora) aprovechando su ausencia. Aquí se introduce el factor clandestinidad, ya que supuestamente la hija del asaltado (sexualmente, pero consentido) también se encargaba de la tarea de vigilar al pobre padre indefenso del ataque de arpías extranjeras, y ésta aprovechó "su día de fiesta"(de la agravadora) para abalanzarse sobre la presa y mantenerlo después en el anonimato. Y afirmo extranjera en base a las notas de qué dispongo, que son, a saber: "tu lo que quieres es traerte a tus hijas...si yo te doblo la edad...vamos a ver quien tiene más fuerza...tu no sabes como soy yo...no me vengas que te conozco...yo prefiero que vuelva con la Carmen antes que contigo...quieres quedártelo todo" Sin mantener necesariamente este orden ni ser exclusivamente tal y como las reproduzco. Así que a pesar de conocer solo la mitad de lo hablado, todo está muy claro...del lado de la agravadora. Por qué pensaría, digo yo: mujer extranjera, más joven que yo, que mi padre ni digamos, se lo tira...¿Qué quiere? Conclusión fácil y llanamente plausible, sin muchos rodeos, sin pensar demasiado: sacarle dinero (y por ende quitármelo a mí). Por otra parte, explicación no necesariamente veraz, desde luego. O no menos egoísta, ¿cierto? Quizá no merece ella más dinero que la amante...quizá no hay dinero por en medio...nada, seguro que hay dinero por en medio.

En definitiva: ¿Lucha generacional? ¿Envidia? ¿Xenofobia? ¿Temor por un padre incapaz de valerse por si mismo (pero si follar)?¿Qué pensaría el padre de todo ello?¿Que querría realmente la agraviada?¿Sentiría amor por el padre? Si fuera así, ¿porqué enfrentarse a la hija, a esa hija precisamente, con el miedo que yo le tendría a una persona así? Dudas con millones de respuestas. Me las guardo para cuando pueda sacar dinero con ellas.

Otra sonrisa asoma en mí pensando en una escena mejorada: agravadora encontrándose a las 9 de la mañana a agraviada y al padre en el mismo tren, en el día de fiesta de la agravante con las hijas de la extranjera en los brazos de él! Final: agravadora cambia nombre de su personaje por el de homicida, seguro.

Moralejas: cuantas verdades pueden darse a partir de una media conversación a las 9 de la mañana en un día cualquiera en un tren abarrotado. Anota siempre aquello que se te antoje interesante, siempre podrás matar el tiempo pensando en ello algún otro día, sin el menor objeto, con todo el sentido. ¿Alguna más? Seguro.

Algo.

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10/10/07

Hoy quería escribir algo. Quería pero ahora no sé el qué; ojeo en busca de algún cabo por donde agarrarme, frases inconexas, palabras robadas al vuelo, un mundo de ideas recogido en caligrafía pésima, pero nada. Corto y recorto palabras, suprimo, rehago, puntúo, cambio,... Hay hilos por donde tirar, pero al mismo tiempo no hay. Hoy no hay por donde empezar ¿Qué escribir cuando no sabe uno qué escribir? Escribir sobre nada. ¿Es acaso eso posible? Ciertamente: ¿no podemos pasarnos horas hablando de nada, escuchando hablar de nada?¿Es posible vender algo que no es nada? Y yo digo si: convirtiendo la nada en algo. Solo alguien debe creer que aquello si es algo, que esto lo es. Entonces, en este preciso momento mi nada se vuelve algo por qué tu decides que lo es, no sabes del cierto aún que es exactamente, pero lo intuyes, por lo tanto deseas creer. Y entonces le vendes a alguien mi nada, partiendo de mi 'algo', que te vendí aunque dije que no era nada. Escribo aquello que sí sé: que es que no sé que escribir. Simplemente escribo por escribir. Dejó que mi instinto actúe, y que los sentidos hagan el resto. ¿Porqué acaso existe eso que llaman 'la inspiración', concepto abstracto que pretende conducir la mente hacia la siempre dudosa meta de la creación? Yo en cambio utilizo nada para decirte que es algo. Que a pesar de no escribir sobre nada, aún así escribo sobre algo, sobre la nada.

Ya tengo algo, aquello que venías buscando. La gracia de ello radica en que precisamente esa ausencia de algo, la práctica nulidad de lo que empieza, conduce y termina en algún lugar concreto, en alguna idea o concepto, se vuelve en sí mismo el camino, algo inconexo, cierto, pero con sentido, con algo.

No soy partidario de creerme a 'la inspiración', esa que unas veces viene y otras se va. La fuerza, nuestra fuerza, siempre está, lo que ocurre en ocasiones es que pretendemos volar ligeros, cuando quizá debamos caminar por entre la maleza, peleándonos con ella, lo que no convierte nada en inaccesible, simplemente lo agudiza, volviéndose más exigente, por mucho que la meta sea la misma. Por eso hay que luchar en contra de 'la inspiración', ya que no existe, por qué es algo que siempre está en ti, y algo que siempre está no puede nunca no estar, motivo por el cual no merece el término existir, cuando pretendemos quejarnos por su ausencia.

Y aquí llegué, sudando más que de costumbre, pero hablando como de costumbre, de algo; hoy de falsos mitos, de esfuerzo, de ideas, de tenacidad, de giros conceptuales, de la pereza, de excusas, y por supuesto, como siempre, de mi.

Listos para despegar.

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4/10/07

El narguile produce un efecto narcótico que no debería, quizá porqué soy el único que mantiene la brasa al rojo vivo con caladas profundas y continuas. En este momento, cubierto por una niebla de misticismo oriental con fragancia a melón, mi mente, incitada por almas sedientas de conocer, se libera y empieza a escupir certezas; conclusiones que habitan en mi cabeza y que, de una forma u otra, se incrustan con más fuerza en el momento de ser pronunciadas, como si ello las comprometiera, subyugando mi espíritu, ahora en deuda con éstas.

A pesar de lo aparente, que siempre confunde, no soy dueño de mis verdades, sino que son ellas que me poseen, las que me obligan a sentirlas, a comprender quien marca el rumbo. Yo simplemente soy un aprendiz de marino que intenta descifrar, a través de la espesa niebla, lo que ellas difuminan. Y las verdades dicen que el mundo esta lleno de verdades; y que hay que salir a por ellas.

Delante de mi, dos seres cósmicos, de una galaxia cercana, cercana a miles de años luz, comprenden lo que, en un idioma extraño para ambos, mis verdades pronuncian. En ello intervienen los diáfanos marcos de la comprensión humana, que pueden abastar desde lo más comprensible hasta lo más insospechado, que permiten, entre otras ventajas, que tres individuos incomunicados físicamente durante toda su existencia pretérita puedan llegar a formar un círculo de conexión comunicativa, simplemente debido a la voluntad decidida de unos, escuchar, y de otros, expresar.

Sus verdades y las mías son transmitidas, analizadas, mezcladas, formuladas una y otra vez, reorientadas dentro del círculo. Entonces, sin romper aún la fricción, multiplicamos toda la información y ésta, tomando la forma de una verdad aún más cierta, vuelve hacia nosotros con mayor contundencia, instalándose en nuestro universo interior, en un lugar no fijo, para permanecer en contacto permanente con el inconsciente, preparada para surgir de nuevo, en otro momento de conexión circular, donde todos sean todos y no haya nadie más que nadie. Todo vuelve a empezar de nuevo; la verdad va haciéndose más verdad.

Hablo verdades,
Por eso prefiero hablar en presente.


Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado.

Juan Ramón Jiménez

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