Estelas navegables, antes zurdas, ionizadas: oscuramente golosas.

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29/10/05

Deseo que hoy me salga algo con sentido. Deseo que hoy sepa dibujar lo que mi mente me susurra. Deseo que las letras se conviertan en algo llevadero: que unas lleven a las otras y se unan sonando alegremente (aunque resulten traducir algo triste). Deseo que leerlas no suponga ningún esfuerzo; que fluyan sin tormentos ni quebraderos, que no eclipsen por su peculiaridad la totalidad. Deseo tanto que no puedo describir cuanto.

Encuentro la respuesta a más preguntas que ayer; se me antojan más preguntas para manyana. Encuentro motivos para no pararme y seguir rodando bocabajo, aumentando mis temores de arriba y empujando desde abajo. Encuentro mi lugar en aquél que no llego a alcanzar, el que se encuentra ideado en mí pensar, aquél que aún no se contar, el que no me alcanza a descifrar y por lo tanto no puedo construir. Encuentro que hecho de menos a quien menos quería. Encuentro triste pensar que todo es triste, y me siento triste cuando sé que soy feliz. Me encuentro. Te encontré.

Muero por permanecer, permanezco muriendo por llegar a donde no sé, ni tan siquiera morir puedo por vivir muriendo. Muero por ser infeliz y ver lo feliz que fui. Muero por morir, vivo por no morir, resisto por existir, revivo por ser cada día más completo. Muero por sentir de nuevo lo que alguien me mató. Muero por despertar cada día y pensar que no muero. Muero viviendo cada vida que vivo muriendo. Morimos pero antes vivimos. Vivimos después de morir. Renacemos; volvemos.

Tratamos de encontrar una salida que nos lleve a donde deseamos, para luego poder morir.

  

Tráfico Tarifa

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19/10/05

Diariamente vemos en los periódicos y en la televisión noticias de personas que murieron en las playas, en las rocas, en el mar… producto de una huída desesperada, necesitada pero a la vez esperanzada; una huída hacia delante que acaba trágicamente. Esos cuerpos, una vez encontrados, son metidos en bolsas de plástico y transportados como si de bultos cualquiera se tratara, para ser depositados en enormes frigoríficos a la espera de que alguien los reclame. La mayoría de las veces nadie acude, por lo que son enterrados. En sus lápidas aparece generalmente un número, y quizá el lugar donde fue encontrado el cuerpo. Al cabo de un tiempo puede que algún familiar acuda a su malogrado encuentro para llevárselo, y ser enterrado junto a los suyos. Raramente. Muchos eternizaran con un número en su losa, como si de un macabro archivo se tratara, un archivo de aquellos que nadie nunca visita, a quien nadie interesa.
Otros muchos no serán ni “archivados”. Se perderán en el océano, donde cayeron al intentar alcanzar su tierra prometida, donde lucharon por última vez por un suenyo que nunca verán cumplido. Un suenyo que significaba vivir dignamente, algo que no pudieron alcanzar en su tierra, y que les llevo a embarcarse en un viaje suicida, de meses e incluso anyos, a través de desiertos, ciudades hostiles, personas crueles, hambre, sed y desesperación.
Muchos mueren a pocos metros de la playa, cuando fruto de la exasperación, de un gran oleaje o de las rocas, la balsa cedió, se hundió o volcó. Así, se vieron expuestos a un mar que les quito la vida. Algunos, por falta de fuerzas no llegan a la orilla, otros por no saber nadar, simplemente se ahogan. No quiero pensar en ese último grito de auxilio, en ese último pensamiento antes de quedar cubiertos por el agua.
Lo más paradójico de todo es que a la manyana siguiente, cuando ya no hay rastro de los cadáveres, cuando todo ha pasado, la playa se llena de surfistas, que desafían las mismas olas, pero no con miedo ni desesperación, sino con descaro y autosuficiencia. Estoy convencido de que no muchos de ellos reparan en el hecho de que están divirtiéndose en un cementerio, en un lugar donde muchos perecieron la noche anterior.
Qué sucedió para que “solo” dieciséis quilómetros de separación física signifiquen una desigualdad tan enorme entre personas? Qué sucedió para que una misma playa sea muerte y diversión a la vez dependiendo del color de tu piel? Y más importante: qué hacemos, o no, más fácil: qué pensamos cuando vemos la noticia en el periódico? Muchos pasamos la página sin leer la noticia. Leemos el titular y nos parece que lo hemos leído centenares de veces, solo la fecha es diferente. Ya no nos sorprende ni nos impresiona: nos habituamos e insensibilizamos frente al sufrimiento humano.
Sin duda nadie puede hacerse una idea de lo que esas personas sufrieron. Nadie, por que nadie aquí, en occidente, sufrió nada que se le parezca y no puede acercarse a definir la cantidad de sentimientos y sensaciones que una experiencia de ese tipo debe provocar y generar en un individuo. Añoranza, incomprensión, extrañeza, impaciencia, hambre, frío, impotencia, debilidad, dolor, miedo, rabia, desesperación,…
No quiero pensar en la última sensación antes de morir.

Originales repetidos

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18/10/05

Desperté de un suenyo del que creía no poder despertar nunca. Pase la tarde pensando en las metáforas oníricas que se acumulaban en mi occipital, sin saber porque ya no funcionaban como tal: estaban perdiendo su sentido original, ya no me contaban las mismas cosas resueltas, claras y reflejas. No, pasaron a fusionarse con la densa niebla que habita en las cumbres del cerebelo, dejaron sus definiciones caer por su propio peso, frío, glacial, y me trasladaron a una nueva dimensión mental; desconocida y fantásticamente original.
Recordé no recordar más. Aunque ya no quería recordar, todo allá río abajo desembocó. El presente se convierte en pasado en el preciso instante en que nombras al presente. Todo gira y vuelve a su cauce, pero renovado, más ágil y más sabio. Las vueltas que uno da no son en vano: resuelven las ecuaciones a la par que descubren nuevas incógnitas que encarar. Quien no tiene la sensación de estar empezando otra vez? Quien tiene tiempo de arrepentirse en un lugar sin tiempo? Que se espera de lo que empieza de nuevo? Acaso creemos a veces que ya nada se va a volver a repetir?  
Todo se resuelve en una enorme noria que gira no siempre a nuestro capricho. Sin embargo debemos aprender a manejarla, así la siguiente vuelta va a ser mejor que la anterior: vamos a poder girarla a nuestro antojo algún día?
  

Reluctancias cuadrangulares

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13/10/05

Todo el mundo que empieza escribiendo un blog lo hace con la intencion de que alguien le lea, con la intencion de que alguien valore algo de lo que comenta o de lo que reflexiona. Quien diga lo contrario es un hipocrita, y ademas estupido, ya que sino no publicarias textos en internet, sino que lo escribirias en una libreta y te lo guardarias. En este sentido, existen varios niveles de bloggerianos, a saber: los cualitativos y los cuantitativos (mierda ya estoy profundizando); los cualitativos pretenden sentirse valorados por l@s que les leen, y preferentemente de gente que conozcan y a la que tengan aprecio, les importa el valor de las palabras, por otro lado, los cuantitativos, lo que piensan es en que cuanta mas gente entre mejor, y cuantas mas firmas, mejor aun. Estos ultimos suelen tener algun cartel del tipo: "si entras deja una firma aunque solo sea tu nombre". Me parece realmente estupido y desde aqui y ahora sentencio (por si mis palabras no lo hubieran asi ya indicado) que yo no quiero eso de ningun modo. A mi lo que me gusta es generar algun tipo de debate, simplemente desarrollar algo minimamente interesante, aunque no me considere satisfecho en este aspecto (tiempo al tiempo), o simplemente gustar. Yo, que no me siento identificado con los cuantitativos (sera por ser de letras), me apego mas con el primer tipo, aunque si pueda tener cierta similitud con los cuantitativos. Me explico:
Yo quiero y deseo, tener muchas firmas y que esas tengan algun tipo de valor. No voy a tener nada mas en comun con los del tipo 2 excepto en la aspiracion a recoger muchas visitas. Porque esto reconfortaria mi ego, si es que no esta ya suficientemente a gusto, ya que significaria que mis palabras tienen algun valor, y no negemos que todos somos poco o mas vanidosos. Y confieso esto desde la tranquilidad de saber que un poco ya lo consegui. Aunque mi ego impide que me pare aqui (hasta me doy asco).
Si, yo podria encuadrarme en un tercer tipo de individu@, que seria el de narcicista habitual, o egolatra corriente, o vanidoso descafeinado, y es ese tip@ que se valora lo suficientemente para no tener miedo a ser descalificado por ello mismo, pero que a la vez sabe que no tiene las herramientas (aún) que sus fines mas profundos requieren.
Por ello, y dejemonos ya de vanidades por esta vez, creo que se puede ser narcicista y no perder por ello la humildad. Si el narcicismo significa tener confianza en uno mismo y ello nos imprime energia para enfrentarnos a lo que nos propongamos, me parece incluso necesario. Pero por otro lado, hay que tener cuidado con ello, ya que demasiado narcicismo desemboca en un exceso de vanidad y ello nos impide cojer distancia en ciertos momentos de nuestros propios actos. Lo que nos arrastra a la mutilacion de nuestras aspiraciones por sobrevaloracion de nuestras capacidades.

Raskolnikov suicida

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11/10/05

Raskolnikov suicida
Mucho me temo que lo que uno desea fervientemente siempre parece encontrarse a una larga distancia de uno mismo. Lo que más cerca tenemos es lo que menos anhelamos, y por lo que más tiempo perdemos no es por lo que realmente queremos, mas bien lo desechamos para inutilizarlo, lo banalizamos. De ese modo, evitamos afrentar nuestros deseos mas profundos, creyendo que nunca podrán realizarse y así evitamos que nos angustien en exceso. Aunque a la vez evadimos y perdemos la opción de acercarnos a ellos y de cumplirlos.
En este sentido, la distancia que vemos que hay entre nuestros deseos y su gozo, es una construcción mental propia; en su materialización intervienen factores de tipo social, intelectual, personal o ambiental. Lo que viene a delimitar ese espacio es lo que nos va a condicionar el intentarlo o no, y ojo, solo digo intentarlo. Pero es ese espacio delimitado, que siempre vamos a utilizar del mismo modo en nuestra mundana existencia, el que va a definirnos como a promotores de anhelos, y es el que nos va a definir cuan lejos esta aquel objetivo y si el mismo esta avistable o inalcanzable.
Dependiendo de la capacidad que tengamos de ver más facilidades o dificultades, más puertas o muros, más opciones o menos, dependiendo de ello, nuestros anhelos van a ser más realizables o lo van a ser menos, ya que nuestro esfuerzo por lograrlo va a ser grande y efectivo o por el contrario no va a ser. Por ello, para hacer de nuestros anhelos algo más alcanzables, algo a lo que podamos aspirar a nuestros ojos, debemos intentar mejorar los condicionantes que nos imprimen “esa distancia”, es decir: sociales, intelectuales, personales y ambientales.
La condición social es difícilmente permutable: todos nacemos con un entorno social definido, que nos condiciona a nosotros mas que no nosotros a él. Así, pensamos y actuamos desde la perspectiva social en la que crecimos y nos hicimos. El entorno físico, por el contrario, si es mutable (podemos cambiar de lugar relativamente sin dificultades) aunque de nuevo nuestro entorno social va a poner impedimentos, mas o menos dependiendo de las características de éste, para que podamos cambiarlo y mejorarlo. Referente a la condición personal, ésta está sujeta en gran parte tanto por el entorno social como por el físico, así que poco podemos hacer desde la perspectiva personal para cambiar algo personal si no se modifica el entorno social o el físico previamente. Por lo tanto, solo nos queda la condición intelectual. Y ahí es donde reside lo fundamental de la cuestión. El intelecto nos ofrece, entre otras ventajas: libertad de acción, de pensamiento, de valoración y de abstracción. Pero debido a los anteriores condicionantes, puede, y de hecho no lo es, que sea insuficiente con el intelecto que poseemos. Por lo tanto, debemos cultivarlo. Debemos crecer intelectualmente para hacernos fuertes psíquica-social y personalmente. Sólo de ese modo lograremos mover, empujar, condicionar a los demás factores hacia el sentido, dirección, ámbito que deseemos.
Por el camino del intelecto cultivado lograremos ver más cerca nuestros objetivos, nuestra distancia a ellos no nos parecerá tan inalcanzable y los retaremos, nos volcaremos a la consecución de los mismos. Ello no significa que logremos todo lo que nos propongamos, más bien significa que tendremos más posibilidades de alcanzar lo que de verdad nos empuja y nos mueve, por el simple hecho de que sentiremos que la distancia que nos separa de ello no es tan “inalcanzable” como creíamos.  
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Music without boundaries

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El otro dia lei en el periodico una entrevista que le hicieron a un ninyo superdotado (aunque en la entrevista no era ya un ninyo) en donde decia que el, a los cinco anyos de edad, se tumbaba en la cama y sentia melancolia. Claro, el se preguntaba que le pasaba, pero no se atrevia a decirselo a nadie...digo yo que no entenderia lo que realmente sentia.
Hay una edad en que los ninyos empiezan a preguntarse cosas. La forma mas sencilla de salir de dudas es trasladarselas a sus padres, ya que en ellos reside una enorme credibilidad y sabiduria a ojos de los pequenyos. Pero llega un dia en que los padres ya no pueden contestar todas nuestras preguntas, porque como al chico superdotado le sucedia, no sabemos definir que tipo de sensacion es la que nos embarga y no tenemos los mecanismos para descifrarla. Ese dia, nos empezamos a dar cuenta de que nos hacemos mayores, de que nuestra burbuja infantil ya no nos protege de las tempestades de la vida, pero es entonces cuando empezamos a construir algo realmente nuestro. Ese dia es el primero de algo nuevo, mas grande, mas crudo, mas doloroso pero sobretodo mas cerca de la verdad. Y la verdad angustia.
Repentinamente nos encontramos en la adolescencia, que es cuando no solo ya no preguntamos a nuestros padres, sino que ni tan siquiera queremos contarles ya nada; queremos ser "independientes" porque estamos desilusionados con lo que nos encontramos en la nueva esfera post-burbuja, porque tenemos muchas preguntas sin respuesta y debido a que venimos de la esfera de los suenyos en donde nos sentimos protegidos e imperturbables, y nos encontramos mas cerca de la verdad; mas indefensos, mas perturbables, mas cerca de la angustia. Por eso queremos aparentar ser mayores, necesitamos aparentar que dominamos la situacion para no denotar debilidad, aunque lloremos a menudo. Mostramos indiferencia, crueldad, insensibilidad, superioridad, solo por el hecho de sentirnos arrogantes, despreciativos ante la vida. Tomamos riesgos. Imitamos lo que creemos que nuestra sociedad va a valorar de nosotros, y quiza sea verdad, quiza nuestra sociedad valore la arrogancia, o la premie, mas que valorarla. Lo que si es cierto es que seguimos teniendo esas dudas dentro de nosotros, esas cuestiones que se van volviendo mas metafisicas cuanto mas dias pasan. Esas preguntas sin respuesta que nos llegan a angustiar, eso que no queremos mostrar. Pero la angustia ya esta alli. A partir de ese momento solo podemos angustiarnos mas y mas, aunque yo prefiero estar mas y mas angustiado pero mas y mas cerca de la VERDAD.


Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado.

Juan Ramón Jiménez

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