Mundo Caníbal

1c

22/12/05

Empezar una hoja en blanco siempre es lo más dificil. Lo es debido a la influencia que lo que uno escriba va a tener en lo que surja después. El temor a un papel vírgen, sin manchar, perfectamente encuadrado y distribuido homogéneamente en toda su superficie provoca un cierto vértigo que solo una idea suficientemente brillante debe atreverse a romper. Todo lo que sobrelleve a la incursión de la pluma desde el inicio sobre la fibra, va a conducirnos a algo concreto; predifinido por nuestro comienzo. Es una consecuencia más de la teoria del Caos, que nos dice, entre otros principios, que cualquier acción, por pequeña que sea, va a influir irremediablemente en el futuro que inmediatamente la acontezca. Así, sucesivamente, la palabra después de la cuál encontramos el punto final será obra directamente de aquella con la cuál empezamos la hoja vacía. El sentido, fuerza, valor o ingenio de lo que escribamos vendrá condicionado por lo que uno haya escrito en la primera frase. ¿No parece inmerecido ese temor a la hoja en blanco entonces, verdad?
En mi caso, por ejemplo, sé después del primer párrafo si aquello que va a continuar me va a satisfacer suficientemente. En caso contrario, lo tacho o lo borro y lo vuelvo a empezar de nuevo. A menudo vuelvo a empezar de nuevo a dibujar el camino, es decir: no intento volver por el mismo sendero a la Idea de fondo que quería contar, sinó que buscó nuevos modos de acercarme a ella, a veces con resultados que incluso modifican la Idea en sí misma. Evidentemente, lo que yo he escribo se tratan de relatos cortos, ¡qué digo! Se tratan de cómo mucho un par de páginas, por lo tanto no sé si, por ejemplo, Dostoyevski pensaría lo mismo al empezar un libro de ochocientas hojas ¡en blanco! En realidad, lo más seguro que pensase el pobre Fiodor, es en el hambre y la miseria en la que estaba sumido, o en como arreglarselas para entregarle al editor, un nuevo texto antes de que se le acabase el poco maíz que le quedaba, antes que la tubersulosis, la peste o una gripe lo matase o más bien en que no menos miedo le daba una hoja en blanco que la apestosa y fría cárcel siberiana en la que estuvo metido durante una buena temporada. Escribir en tales condiciones, ¡eso si genera admiración! No como esos escritores contemporáneos, aquellos que viven traumatizados y deprimidos debido al gran caos que les supone la vida urbana, o debido a la pérdida de la capa de ozono, o a la opresión de la sociedad neoliberal. Esos, a la vez, escriben sus lamentos desde una habitación con aire acondicionado, desde un loft en el centro de cualquier megalópolis que adquirieron por cantidades astronómicas, prohibitivas, y nunca se les verá en los barrios populares, no digamos ya degradados, a no ser porque un acto público –con la representación de los media, por supuesto- en favor de cierto colectivo que padece del olvido de las administraciones les favorezca su cliché de “escritor comprometido” que les reporta considerables beneficios editoriales. Pero que le vamos a hacer, Fiodor Dostoyevski era un genio, los demás son unos hipócritas hijos del romanticismo cargado con las comodidades contemporáneas.
En definitiva, que la responsabilidad y la implicación que conlleva una hoja en blanco es la misma que uno tiene con lo que dice, con lo que escribe. Hay que ser consecuente con uno mismo. Si sabemos que después de un párrafo aquello no va a resultar, ni va a ser honesto ni acorde con nosotros mismos, ¿por qué continuar? Solo a aquellos que el hambre, la injusticia y la miseria los persiguen se les permitiría algo así. Sin embargo, son esos los que, como el Gran Fiodor nos demostró, más en consecuencia actúan. Pero bueno, siempre puede haber escritor para el cual un acto en defensa de la cotorra neozelandesa en peligro de extinción suponga la escenificación de su lucha vital. ¿O no?

Círculos concéntricos

1c

14/12/05

Siempre hay un momento antes de dormirse en el que a uno se le ocurren cosas peculiares. Ese es el instante en el que justo después se pierde la conciencia y se pasa al letargo revitalizador que supone dormir. En un momento de esos tuve la sensación de convertirme, como si de un libro de Kafka se tratara, en una fría y apretada tuerca. Sí, una tuerca de esas que permanecen todo el tiempo apretadas, forzadas a unir una parte de algo con el resto de lo otro. En concreto se me ocurrió pensar en las tuercas de mi bicicleta, en particular en la que sujeta mi rueda trasera, que tantos problemas me da.
Cuando corro demasiado la cadena de mi bici salta. Es algo que me pasa demasiado a menudo y que me jode. Habitualmente suele suceder porque ella me incita a alcanzarla. Yo no quiero ceder, pero ocúrreme que resistirse supone demasiado autocontrol. Algo de lo que, en situaciones normales yo podría alardear, pero de lo que carezco delante de ella. La raíz, la causa o la razón de porque la cadena me salta es La tuerca. Ella suele aflojarse y con ello la rueda pierde su posición original. De ahí que al pedalear la cadena pierda fácilmente su trayectoria habitual y se salga.
Intento esforzarme en pensar como una tuerca. Quitando el hecho de que, como nos ensenyaron en la escuela, es un objeto inanimado, sin vida (siempre recordaré el ejemplo que me daban: La piedra), y dejando volar la imaginación, La Tuerca debe de estar ejerciendo un esfuerzo terrible. Que debo yo pensar cuando se desplaza y me hincha las venas? De quién es la culpa? Ella resiste todo lo que yo llego a apretarla, verdad? Entonces puede ser cierto que me defraude en el momento menos oportuno, adrede? Sinceramente creo que soy yo! que no la comprendo lo suficiente. De hecho pocas veces se movió cuando yo fui a la velocidad adecuada. Ella puede necesitar no ir demasiado forzada, de otro modo es cuando cede. Diría más: debe tratarse de una tuerca vieja, a la que la vida ya mucho le ha hecho soportar y poco quiere ya más sufrir.
Qué razón! Pobre Tuerca, yo quejándome de ella cuando me negaba a comprenderla de verdad. Tan superficial, ocupando una posición tan poco destacada pero tan necesaria! Donde se glorifica a aquellos que trataron de unir? Que lugar les queda en el paradiso a los que se sacrificaron por los demás? Por los que pudieron disfrutar, muchos tuvieron que lamentarlo. Toda su existencia perjudicados y a menudo los repudiaron, los maltrataron.
Este es un ensayo para la recuperación de la memoria de los que lucharon por unir. Los que formaron parte de algo que aún no era pero que llegó a ser. Aquellos a los que tuvimos que agradecer pero que nunca gravaron su nombre y a los que no podemos llamar. Siempre hay muchos anónimos a los pies de los Nombres. Siempre hubo Tuercas con mayúsculas que nos ayudaron a pedalear, y a las que, debido a nuestro exceso de velocidad, quisimos culpar de nuestra propia precariedad.

Op 6 No 1 en do menor

0c

29/11/05

escucha el sonido que emana
de aquellos sin voz.
rescata como grito sordo,
porque se sabe que es su alma
 
suenya, permanece estático
llora que nadie te escucha
solo siente que no lucha
tu música, profético
 
ya no puedes esconder
porque ellos saben responder.
diles que no puedes contar,
mas ella. la música lo va a hacer. 

Al'lahu akbar

0c

24/11/05

La cultura occidental arrastra una serie de valores y significados respecto a los individuos que se recogen en lo que universalmente se conoce como Derechos Humanos. Termino surgido después de la Segunda Guerra Mundial y cuyo formato se materializa a través de la Carta de Derechos de los Hombres. Los artículos son la consecuencia de un legado histórico y filosófico. Todo el articulado emana esencialmente de la Ilustración y del principio de libertad individual. En base a toda la historia del pensamiento occidental fueron creados, en base a un común acuerdo que incluye toda la filosofía precedente pero a la vez conlleva una aceptación general, es decir, un tipo de contrato social. Es la evolución de todo el pensamiento occidental, con la influencia de los hechos o revisionismos históricos, lo que proporciona la base de que hoy, nuestra sociedad, se fundamente, entre otros pilares, en el respeto por los Derechos Humanos.
Pero que sucede cuando estamos hablando de una sociedad no-occidental? La hegemonia de occidente, escenificada por el poder económico (el capitalismo de mercado), pero que se refleja también por una hegemonía de carácter cultural, pretende, del mismo modo, imponer sus Derechos Humanos. El relativismo cultural es un término que muchos han usado para justificar prácticas a nuestros ojos intolerables, pero del que no podemos prescindir totalmente.
La lucha por la propagación de nuestros Derechos Humanos no debe hacerse desde la imposición. Al contrario, cualquier imposición en el pasado trajo horrendas consecuencias, ya que las culturas que sienten que les estan imponiendo valores que no les son propios, tienden a reforzar y a radicalizar los suyos. Y no negemos que hay prácticas, que por muy arraigadas que culturalmente esten, no deben por eso pasar desapercibidas.
Qué hay que hacer entonces con problemáticas como el rol de la mujer en el Islam? Rol que implica en ciertos países la aplicación de la shari’a o Ley Islámica, y que puede conllevar por ejemplo practicar lapidaciones, ablaciones, etc. Des de luego que no hay, bajo mi punto de vista, permitir ese tipo de prácticas. Pero el modo de eliminar esas prácticas no debe ser atacando al conjunto de la sociedad-religión que las practican, en este caso al Islam, ya que de ese modo se cae en generalizaciones que desde luego no se acercan a la realidad. Se tiende a criminalizar a la religión en su conjunto, lo que provoca más odio hacia occidente por parte de sus practicantes.
Lo que hay que hacer es promover el reformismo, es decir, inducir a que sean los mismos miembros de las distintas culturas los que pretendan cambiar tales prácticas inaceptables. Acaso no se tardaron siglos en alcanzar nuestros Derechos Humanos? No hay duda que nuestra influencia puede ejercer una fuerza positiva, pero sin caer en la tentación, a la que tantas veces hemos sucumbido, de mirar al resto de culturas como inferiores o retrasadas, ya que de ese modo solo lograremos incrementar el sentimiento que existe respecto a que el mundo occidental pretende dominar al resto. Si se promueve el reformismo desde campos como la educación o la presión política internacional hacia las reformas legislativas, se puede avanzar mucho más que invadiendo países o explotando económicamente.
A pesar de todo, muchas preguntas se me abren en la mente: que hay de las prácticas “culturales” inaceptables que se practican en los propios países occidentales? Que hay de la integración de los inmigrantes? Que sucede con las prácticas inaceptables que nosotros practicamos hipócritamente y cerrando los ojos en otros países?
Vamos a reflexionar un poco antes de criticar a tal o cual cultura o religión. Vamos a mirarnos un poco más a nosotros mismos, ya que no somos tan ideales ni tan superiores como creemos ser, y vamos también a aprender cosas buenas de las demás culturas. Qué cosas positivas sabemos nosotros de las demás culturas? Por ejemplo, del Islam? O es que acaso creemos que no tienen nada positivo?

teleskope

0c

17/11/05

Nunca uno puede estar realmente convencido de nada. Bajo esta premisa, todo ocurre de un modo relativo. Uno puede pensar sobre algo e hacerse sus hipótesis al respecto, pero por muchas indicaciones que uno tenga o por mucha seguridad que sus indagaciones le aporten, no va a disfrutar de la tranquilidad que, eso si, quizá intente aparentar. Resulta frustrante el pensar que uno tiene la seguridad de que sabe algo que, por otra parte, no puede comprobar. Es menos angustioso no tener ni siquiera sospechas infundadas; es preferible ser ignorante si eso que nos preocupa no va a influirnos de una forma dramática, por lo menos si no lo va a hacer en un corto plazo. Al contrario, el saber aquello que no podemos comprobar si nos influye: negativamente.
La mejor forma de salir de dudas, ya que la ignorancia aquí solo se contempla como una posibilidad deseada y el hecho es que sabemos aquello que no podemos saber con seguridad, es meditar seriamente si aquello realmente no tiene posibilidad de ser revelado, o si por el contrario, podemos encontrar la forma de que se nos revele. Por el otro lado, tenemos la opción de tomar en consideración el que eso nos preocupe en exceso, y quitarle importancia, ya que como dije, si sabemos (aunque como nada es seguro tampoco ayuda demasiado saber, porque mas bien creemos saber) que aquello no nos va a influir en un corto plazo, tampoco no debe obsesionarnos. Además, eso nos puede ofrecer la posibilidad de influir en eso para que la influencia a largo plazo se convierta en una influencia en ningún plazo.
Aunque, como podemos mutar algo que nos preocupa y que además no sabemos con seguridad pero que sabemos que algo es, en algo que no nos influya nunca, si no hay nada que podamos hacer que nos aporte la suficiente tranquilidad para no preocuparnos de que algún día suceda?
La respuesta a esta incomprensible reflexión reside en que: uno debe creer en lo que uno cree saber, por que damos por bueno que siempre vamos a estar equivocados, también podemos creer que son los demás los que se equivocan, por que también se equivocan, no?

Murphy's law

0c

16/11/05

Hubo un conocido pesimista (aunque muchos prefieren llamarlo optimista bien informado) que blasfemó en cierto momento de frustración una regla que al final se quedó en algo así: si algo puede ir peor, irá peor. Pues bien, Edward Murphy, un trabajador de una base militar norteamericana, formuló esta apreciación durante un ensayo que pretendía medir la fuerza g (es decir la fuerza de la gravedad) en un cuerpo humano durante un choque. El experimento se desarrollo bajo sus indicaciones, y consistían en colocar un aparato en el cohete/módulo que debía estrellarse. En principio se probó con muñecos del tipo dummie, pero había que probarlo en humanos, y un capitán se prestó voluntario. En ese momento, el ayudante de Murphy dispuso todo para que se pudiera medir la fuerza g producida durante el choque. El primer intento se hizo con un chimpancé (siempre son animales los que “prueban” antes de asumir nosotros mismos el reto) y el resultado fue que el aparato que debía medir, no midió nada. Murphy, al comprobar que aparentemente algo se había instalado mal, profirió unas palabras a su asistente, diciéndole: “si ese chico tiene alguna forma de hacerlo mal, lo hará mal”.
Parece más bien increíble como una simple observación, por más aguda y punzante que pueda ser, haya llegado a ser tan conocida. El método de difusión de la misma no tiene gran trascendencia; aunque fue durante una conferencia de prensa del capitán que debía realizar el experimento, que conoció la luz. Sin embargo, a raíz de ahí, una corriente se desarrollo en torno a la idea general que reside en la frase: si entre todas las opciones que existen para realizar una acción, existe una errónea, esa, por muy improbable que sea, va a suceder en algún momento.
Por ejemplo, en el mundo informático, los discos “viejos” de 5 ¼ pulgadas, podían ser introducidos de diferentes formas, aumentando las posibilidades de dañar el disco duro. Los de 3,5 pulgadas ya tienen menos posibilidades de ser mal introducidos, y en cuanto a los CD o los DVD la única posibilidad de introducirlos mal es haciéndolo al revés. Lo que no significa que nadie lo vaya a hacer. Por lo tanto, la deducción general a todo ello es que por mucho que se perfeccionen las cosas para intentar hacer imposibles las fatalidades, siempre habrá un escollo por donde se colarán.
Desde entonces ha llovido mucho y se ha escrito y pensado mucho sobre ello también, algunas de las frases murphynianas que se desarrollaron hasta hoy son también conocidas: Si se te cae una tostada con un lado esparcido de mantequilla, ese será el que caerá sobre el suelo; todo lleva más tiempo del que tu crees; nada es tan fácil como parece; cuando estás en una cola de tráfico, la tuya es siempre la que más lento avanza; si algo parece ir bien, evidentemente es que algo se te pasó por alto; cada solución genera nuevos problemas; si algo simple no puede ir mal, de todos modos irá mal.

Info sacada de wikipedia.org

2 de...

1c

10/11/05

…sigue del anterior

Hay quienes prefieren el güisqui solo (a los que les gusta, claro), los demás lo prefieren mezclado con cola u otros. También se encuentra el tipo de personas que les gusta comerse un plato variado separadamente, es decir: sin mojar la salchicha en el huevo frito (por ejemplo) o sin mezclar el tomate al puré de patatas (con la comida, además, se me aparece la opción de aquellos que dejan la parte buena, la más sabrosa, para el final. Sin embargo, esto daría pie a otra clasificación -denominémosla Pacientes/no Pacientes???-  y por tanto ahora no nos incumbe). Se puede elegir entre tomar el café solo o cortado con leche; se puede comer el chocolate caliente o bien mezclando la nata de encima o bien comiéndose primero la nata y luego el chocolate. Los hay, por otra parte, que no mezclan negocios con placer o que no pueden estar haciendo dos tareas al mismo tiempo (hablar por teléfono y cortar cebolla, p.ej.); o los que prefieren no mezclar los porros con el alcohol (dedújase cualquier tipo de droga).
De todos estos tipos de personas y acciones/decisiones, se desprende un teoría, aunque claro está que, como todas las teorías, pueden cumplirse en un momento determinado y dejar de ser así en el siguiente. De ahí que los paradigmas sean solo eso: periodos temporales en que hay unidad de pensamiento sobre algo hasta que alguien más lúcido, o menos tonto que el resto, decide probar algo “inaceptable” o “imposible” para el conjunto de ovejitas creyentes, y resulta que desmonta, a partir de un “golpe de suerte”, todo el pensamiento y estudios acumulados a lo largo de centurias. Pues así sé yo que va a suceder: voy a instaurar mi paradigma particular sobre las “características que definen a las personas dependiendo de si prefieren mezclar o no mezclar”, que quizá solo acepte yo (pero y qué? mi mundo soy yo y por tanto yo instauro y yo derroco mis propios paradigmas) y probablemente solo entienda yo también.
Primero debo decir que, como muchos (o algunos de los pocos que leen o han soportado leer hasta aquí) ya os habréis percatado, la mayoría de ejemplos corresponden a decisiones tomadas al comer o injerir algún tipo de alimento/droga y solo unos pocos se corresponden con decisiones de tipo social, intelectual o moral. Eso se debe a que el hecho de alimentarnos o, generalizando, el hecho de tener que saborear algo, implica que nuestro YO más profundo, es decir, el más subconsciente, el más auténtico, aflore en el momento de tomar la decisión de cómo saborear aquello. Ese momento no implica ninguna precondición social, ni moral, ni intelectual, ya que se dispone de todo para mezclar, y por lo tanto la decisión es totalmente libre: interior. Así, si aceptamos que es cuando tomamos esa decisión cuando nuestro YO aflora ya que es la más animal, la más instintiva, podremos entonces conocer, mediante esa elección, las cualidades de ese YO.
Esa persona, la que mezcla, le gusta conocer cuales son las posibilidades de lo nuevo, la experimentación; la que no mezcla prefiere centrarse en lo que ya sabe, no le gustan las sorpresas que puedan decepcionarla, aunque esa misma persona, la que no mezcla, prefiere llegar al fondo de las cuestiones (como con el café solo: prefieren buscar la intensidad de ese café y no enturbiarlo con el sabor de la leche), busca las distintas facetas de un mismo suceso, lo raspa y lo indaga hasta encontrar el núcleo del error, o de la desesperación. En cambio las que mezclan prefieren saber un poco de todo y no llegan a conocer, por ser incapaces, la naturaleza escondida de cada hecho particular. No llegan a ser capaces de distinguir si aquello concreto sucedió del mismo modo anteriormente, aunque saben lo que generalmente provocó.
Los que mezclan creen en el orden de después, en el que se crea con la mezcla, los que no mezclan son metódicos y siguen una concepción estructural, lineal, del tiempo. Para ellos el tiempo es algo fraccionado que debe desarrollarse pautadamente; los que mezclan ven el tiempo algo fugaz, que sucede demasiado deprisa como para poder esperar. Así, ellos mismos temen que si no mezclan, no puedan ejercer su derecho a ello, mientras que los que no mezclan no pretenden abarcar, no se angustian por no descubrir más, sino que disfrutan con lo que ya se les ofreció.
Así, l@s mezcladores son inquietos, angustiosos, temerosos, curiosos, temerarios (no peyorativamente) e impacientes.
En cambio l@s que no mezclan son contemplativos, pausados, insidiosos, seguros, pacientes y conservadores.


1 de ...

0c

9/11/05

(Empecé un día a escribir, pero algo me estorbo y no pude seguir, aquello cociéndose deje, mas si no me encargo nadie podrá comer.)

Ya hace tiempo que quería contar lo que pienso con respecto a las mezclas. Las consecuencias que ello conlleva en el carácter de las personas son algo que no se ha tenido en suficiente importancia. Mucha gente desprecia las pequeñas ‘circunstancias’ que suceden por o debido a nuestra condición. Y es que ellas son las que nos ofrecen distintos tipos de clasificar a las personas. De personas y clases de personas hay muchas, casi tantas, o diría: tantas, como personas hay. Aunque podemos pertenecer a una clase concreta y a la vez formar parte de mil otras ‘clases concretas’, eso no evita que esas mismas clases puedan existir en si, y que yo, aquí y ahora, pueda describir uno de esas clasificaciones de tipos de clases de personas, aunque ello, como he dicho, no signifique que esos caracteres que componen esa clase concreta constituyan a Toda la Persona (esta introducción pretende sentar una base de pensamiento libre, sin justificaciones pero sin obligaciones ni totalizaciones; totalizar es arrogante y trajo miseria a lo largo de toda la Totalización, que además debemos soportar).
Mi parcela separadora, de la que quiero hablar, se divide entre la gente que mezcla las cosas y la gente que prefiere no mezclarlas. Es cierto que a pesar que dije que uno puede pertenecer a mil (o más) categorías distintas que categorizan o distinguen a las personas, el genero / subdivisión Mezclas, es bastante amplio. Aunque eso no me impide, bajo mi punto de vista, que pueda llegar a distinciones generales.

(No puedo terminar, primero me tengo que ir, luego me lo vienen a impedir)

como roma, todo arde

0c

1/11/05

lo que creemos empezar sin pensarlo
más luego, cuando le construimos el sentido,
le hallamos lo que no supimos darle.
se nos aparece lo que nunca imaginamos,
se nos vuelve distinto, se trastoca, se inventa a si mismo.

atmósferas de platino cuadrangular,
tintes mezclados con cualquier resultado.
despiértate de tu suenyo singular,
acaba contigo y déjame de lado.

…déjalo ya, no siento lo mismo.
apártate de la composición
vuélvete caótico, ya que tú!

vergüenza
de evitar la mierda.
en tu mente reside podrida
corrosiva hasta no poder alcanzar,
el quiste que tu, tu fin, tu medio dejasteis crecer.

llegando a entrever que lugar creaste ahí.
mentiras que te traicionaron.
bilis que no dejó admitir,
resacas de verdades ocultas.
debo entender que sí, se hizo justicia.

porque todo sentido
que empieza terminando
pasa a ser eso:
un terrible
sinsentido,
como tu
y yo,
como
esto
.

Estelas navegables, antes zurdas, ionizadas: oscuramente golosas.

2c

29/10/05

Deseo que hoy me salga algo con sentido. Deseo que hoy sepa dibujar lo que mi mente me susurra. Deseo que las letras se conviertan en algo llevadero: que unas lleven a las otras y se unan sonando alegremente (aunque resulten traducir algo triste). Deseo que leerlas no suponga ningún esfuerzo; que fluyan sin tormentos ni quebraderos, que no eclipsen por su peculiaridad la totalidad. Deseo tanto que no puedo describir cuanto.

Encuentro la respuesta a más preguntas que ayer; se me antojan más preguntas para manyana. Encuentro motivos para no pararme y seguir rodando bocabajo, aumentando mis temores de arriba y empujando desde abajo. Encuentro mi lugar en aquél que no llego a alcanzar, el que se encuentra ideado en mí pensar, aquél que aún no se contar, el que no me alcanza a descifrar y por lo tanto no puedo construir. Encuentro que hecho de menos a quien menos quería. Encuentro triste pensar que todo es triste, y me siento triste cuando sé que soy feliz. Me encuentro. Te encontré.

Muero por permanecer, permanezco muriendo por llegar a donde no sé, ni tan siquiera morir puedo por vivir muriendo. Muero por ser infeliz y ver lo feliz que fui. Muero por morir, vivo por no morir, resisto por existir, revivo por ser cada día más completo. Muero por sentir de nuevo lo que alguien me mató. Muero por despertar cada día y pensar que no muero. Muero viviendo cada vida que vivo muriendo. Morimos pero antes vivimos. Vivimos después de morir. Renacemos; volvemos.

Tratamos de encontrar una salida que nos lleve a donde deseamos, para luego poder morir.

  

Tráfico Tarifa

0c

19/10/05

Diariamente vemos en los periódicos y en la televisión noticias de personas que murieron en las playas, en las rocas, en el mar… producto de una huída desesperada, necesitada pero a la vez esperanzada; una huída hacia delante que acaba trágicamente. Esos cuerpos, una vez encontrados, son metidos en bolsas de plástico y transportados como si de bultos cualquiera se tratara, para ser depositados en enormes frigoríficos a la espera de que alguien los reclame. La mayoría de las veces nadie acude, por lo que son enterrados. En sus lápidas aparece generalmente un número, y quizá el lugar donde fue encontrado el cuerpo. Al cabo de un tiempo puede que algún familiar acuda a su malogrado encuentro para llevárselo, y ser enterrado junto a los suyos. Raramente. Muchos eternizaran con un número en su losa, como si de un macabro archivo se tratara, un archivo de aquellos que nadie nunca visita, a quien nadie interesa.
Otros muchos no serán ni “archivados”. Se perderán en el océano, donde cayeron al intentar alcanzar su tierra prometida, donde lucharon por última vez por un suenyo que nunca verán cumplido. Un suenyo que significaba vivir dignamente, algo que no pudieron alcanzar en su tierra, y que les llevo a embarcarse en un viaje suicida, de meses e incluso anyos, a través de desiertos, ciudades hostiles, personas crueles, hambre, sed y desesperación.
Muchos mueren a pocos metros de la playa, cuando fruto de la exasperación, de un gran oleaje o de las rocas, la balsa cedió, se hundió o volcó. Así, se vieron expuestos a un mar que les quito la vida. Algunos, por falta de fuerzas no llegan a la orilla, otros por no saber nadar, simplemente se ahogan. No quiero pensar en ese último grito de auxilio, en ese último pensamiento antes de quedar cubiertos por el agua.
Lo más paradójico de todo es que a la manyana siguiente, cuando ya no hay rastro de los cadáveres, cuando todo ha pasado, la playa se llena de surfistas, que desafían las mismas olas, pero no con miedo ni desesperación, sino con descaro y autosuficiencia. Estoy convencido de que no muchos de ellos reparan en el hecho de que están divirtiéndose en un cementerio, en un lugar donde muchos perecieron la noche anterior.
Qué sucedió para que “solo” dieciséis quilómetros de separación física signifiquen una desigualdad tan enorme entre personas? Qué sucedió para que una misma playa sea muerte y diversión a la vez dependiendo del color de tu piel? Y más importante: qué hacemos, o no, más fácil: qué pensamos cuando vemos la noticia en el periódico? Muchos pasamos la página sin leer la noticia. Leemos el titular y nos parece que lo hemos leído centenares de veces, solo la fecha es diferente. Ya no nos sorprende ni nos impresiona: nos habituamos e insensibilizamos frente al sufrimiento humano.
Sin duda nadie puede hacerse una idea de lo que esas personas sufrieron. Nadie, por que nadie aquí, en occidente, sufrió nada que se le parezca y no puede acercarse a definir la cantidad de sentimientos y sensaciones que una experiencia de ese tipo debe provocar y generar en un individuo. Añoranza, incomprensión, extrañeza, impaciencia, hambre, frío, impotencia, debilidad, dolor, miedo, rabia, desesperación,…
No quiero pensar en la última sensación antes de morir.

Originales repetidos

0c

18/10/05

Desperté de un suenyo del que creía no poder despertar nunca. Pase la tarde pensando en las metáforas oníricas que se acumulaban en mi occipital, sin saber porque ya no funcionaban como tal: estaban perdiendo su sentido original, ya no me contaban las mismas cosas resueltas, claras y reflejas. No, pasaron a fusionarse con la densa niebla que habita en las cumbres del cerebelo, dejaron sus definiciones caer por su propio peso, frío, glacial, y me trasladaron a una nueva dimensión mental; desconocida y fantásticamente original.
Recordé no recordar más. Aunque ya no quería recordar, todo allá río abajo desembocó. El presente se convierte en pasado en el preciso instante en que nombras al presente. Todo gira y vuelve a su cauce, pero renovado, más ágil y más sabio. Las vueltas que uno da no son en vano: resuelven las ecuaciones a la par que descubren nuevas incógnitas que encarar. Quien no tiene la sensación de estar empezando otra vez? Quien tiene tiempo de arrepentirse en un lugar sin tiempo? Que se espera de lo que empieza de nuevo? Acaso creemos a veces que ya nada se va a volver a repetir?  
Todo se resuelve en una enorme noria que gira no siempre a nuestro capricho. Sin embargo debemos aprender a manejarla, así la siguiente vuelta va a ser mejor que la anterior: vamos a poder girarla a nuestro antojo algún día?
  

Reluctancias cuadrangulares

4c

13/10/05

Todo el mundo que empieza escribiendo un blog lo hace con la intencion de que alguien le lea, con la intencion de que alguien valore algo de lo que comenta o de lo que reflexiona. Quien diga lo contrario es un hipocrita, y ademas estupido, ya que sino no publicarias textos en internet, sino que lo escribirias en una libreta y te lo guardarias. En este sentido, existen varios niveles de bloggerianos, a saber: los cualitativos y los cuantitativos (mierda ya estoy profundizando); los cualitativos pretenden sentirse valorados por l@s que les leen, y preferentemente de gente que conozcan y a la que tengan aprecio, les importa el valor de las palabras, por otro lado, los cuantitativos, lo que piensan es en que cuanta mas gente entre mejor, y cuantas mas firmas, mejor aun. Estos ultimos suelen tener algun cartel del tipo: "si entras deja una firma aunque solo sea tu nombre". Me parece realmente estupido y desde aqui y ahora sentencio (por si mis palabras no lo hubieran asi ya indicado) que yo no quiero eso de ningun modo. A mi lo que me gusta es generar algun tipo de debate, simplemente desarrollar algo minimamente interesante, aunque no me considere satisfecho en este aspecto (tiempo al tiempo), o simplemente gustar. Yo, que no me siento identificado con los cuantitativos (sera por ser de letras), me apego mas con el primer tipo, aunque si pueda tener cierta similitud con los cuantitativos. Me explico:
Yo quiero y deseo, tener muchas firmas y que esas tengan algun tipo de valor. No voy a tener nada mas en comun con los del tipo 2 excepto en la aspiracion a recoger muchas visitas. Porque esto reconfortaria mi ego, si es que no esta ya suficientemente a gusto, ya que significaria que mis palabras tienen algun valor, y no negemos que todos somos poco o mas vanidosos. Y confieso esto desde la tranquilidad de saber que un poco ya lo consegui. Aunque mi ego impide que me pare aqui (hasta me doy asco).
Si, yo podria encuadrarme en un tercer tipo de individu@, que seria el de narcicista habitual, o egolatra corriente, o vanidoso descafeinado, y es ese tip@ que se valora lo suficientemente para no tener miedo a ser descalificado por ello mismo, pero que a la vez sabe que no tiene las herramientas (aún) que sus fines mas profundos requieren.
Por ello, y dejemonos ya de vanidades por esta vez, creo que se puede ser narcicista y no perder por ello la humildad. Si el narcicismo significa tener confianza en uno mismo y ello nos imprime energia para enfrentarnos a lo que nos propongamos, me parece incluso necesario. Pero por otro lado, hay que tener cuidado con ello, ya que demasiado narcicismo desemboca en un exceso de vanidad y ello nos impide cojer distancia en ciertos momentos de nuestros propios actos. Lo que nos arrastra a la mutilacion de nuestras aspiraciones por sobrevaloracion de nuestras capacidades.

Raskolnikov suicida

1c

11/10/05

Raskolnikov suicida
Mucho me temo que lo que uno desea fervientemente siempre parece encontrarse a una larga distancia de uno mismo. Lo que más cerca tenemos es lo que menos anhelamos, y por lo que más tiempo perdemos no es por lo que realmente queremos, mas bien lo desechamos para inutilizarlo, lo banalizamos. De ese modo, evitamos afrentar nuestros deseos mas profundos, creyendo que nunca podrán realizarse y así evitamos que nos angustien en exceso. Aunque a la vez evadimos y perdemos la opción de acercarnos a ellos y de cumplirlos.
En este sentido, la distancia que vemos que hay entre nuestros deseos y su gozo, es una construcción mental propia; en su materialización intervienen factores de tipo social, intelectual, personal o ambiental. Lo que viene a delimitar ese espacio es lo que nos va a condicionar el intentarlo o no, y ojo, solo digo intentarlo. Pero es ese espacio delimitado, que siempre vamos a utilizar del mismo modo en nuestra mundana existencia, el que va a definirnos como a promotores de anhelos, y es el que nos va a definir cuan lejos esta aquel objetivo y si el mismo esta avistable o inalcanzable.
Dependiendo de la capacidad que tengamos de ver más facilidades o dificultades, más puertas o muros, más opciones o menos, dependiendo de ello, nuestros anhelos van a ser más realizables o lo van a ser menos, ya que nuestro esfuerzo por lograrlo va a ser grande y efectivo o por el contrario no va a ser. Por ello, para hacer de nuestros anhelos algo más alcanzables, algo a lo que podamos aspirar a nuestros ojos, debemos intentar mejorar los condicionantes que nos imprimen “esa distancia”, es decir: sociales, intelectuales, personales y ambientales.
La condición social es difícilmente permutable: todos nacemos con un entorno social definido, que nos condiciona a nosotros mas que no nosotros a él. Así, pensamos y actuamos desde la perspectiva social en la que crecimos y nos hicimos. El entorno físico, por el contrario, si es mutable (podemos cambiar de lugar relativamente sin dificultades) aunque de nuevo nuestro entorno social va a poner impedimentos, mas o menos dependiendo de las características de éste, para que podamos cambiarlo y mejorarlo. Referente a la condición personal, ésta está sujeta en gran parte tanto por el entorno social como por el físico, así que poco podemos hacer desde la perspectiva personal para cambiar algo personal si no se modifica el entorno social o el físico previamente. Por lo tanto, solo nos queda la condición intelectual. Y ahí es donde reside lo fundamental de la cuestión. El intelecto nos ofrece, entre otras ventajas: libertad de acción, de pensamiento, de valoración y de abstracción. Pero debido a los anteriores condicionantes, puede, y de hecho no lo es, que sea insuficiente con el intelecto que poseemos. Por lo tanto, debemos cultivarlo. Debemos crecer intelectualmente para hacernos fuertes psíquica-social y personalmente. Sólo de ese modo lograremos mover, empujar, condicionar a los demás factores hacia el sentido, dirección, ámbito que deseemos.
Por el camino del intelecto cultivado lograremos ver más cerca nuestros objetivos, nuestra distancia a ellos no nos parecerá tan inalcanzable y los retaremos, nos volcaremos a la consecución de los mismos. Ello no significa que logremos todo lo que nos propongamos, más bien significa que tendremos más posibilidades de alcanzar lo que de verdad nos empuja y nos mueve, por el simple hecho de que sentiremos que la distancia que nos separa de ello no es tan “inalcanzable” como creíamos.  
0c

me Posted by Picasa

Music without boundaries

0c
El otro dia lei en el periodico una entrevista que le hicieron a un ninyo superdotado (aunque en la entrevista no era ya un ninyo) en donde decia que el, a los cinco anyos de edad, se tumbaba en la cama y sentia melancolia. Claro, el se preguntaba que le pasaba, pero no se atrevia a decirselo a nadie...digo yo que no entenderia lo que realmente sentia.
Hay una edad en que los ninyos empiezan a preguntarse cosas. La forma mas sencilla de salir de dudas es trasladarselas a sus padres, ya que en ellos reside una enorme credibilidad y sabiduria a ojos de los pequenyos. Pero llega un dia en que los padres ya no pueden contestar todas nuestras preguntas, porque como al chico superdotado le sucedia, no sabemos definir que tipo de sensacion es la que nos embarga y no tenemos los mecanismos para descifrarla. Ese dia, nos empezamos a dar cuenta de que nos hacemos mayores, de que nuestra burbuja infantil ya no nos protege de las tempestades de la vida, pero es entonces cuando empezamos a construir algo realmente nuestro. Ese dia es el primero de algo nuevo, mas grande, mas crudo, mas doloroso pero sobretodo mas cerca de la verdad. Y la verdad angustia.
Repentinamente nos encontramos en la adolescencia, que es cuando no solo ya no preguntamos a nuestros padres, sino que ni tan siquiera queremos contarles ya nada; queremos ser "independientes" porque estamos desilusionados con lo que nos encontramos en la nueva esfera post-burbuja, porque tenemos muchas preguntas sin respuesta y debido a que venimos de la esfera de los suenyos en donde nos sentimos protegidos e imperturbables, y nos encontramos mas cerca de la verdad; mas indefensos, mas perturbables, mas cerca de la angustia. Por eso queremos aparentar ser mayores, necesitamos aparentar que dominamos la situacion para no denotar debilidad, aunque lloremos a menudo. Mostramos indiferencia, crueldad, insensibilidad, superioridad, solo por el hecho de sentirnos arrogantes, despreciativos ante la vida. Tomamos riesgos. Imitamos lo que creemos que nuestra sociedad va a valorar de nosotros, y quiza sea verdad, quiza nuestra sociedad valore la arrogancia, o la premie, mas que valorarla. Lo que si es cierto es que seguimos teniendo esas dudas dentro de nosotros, esas cuestiones que se van volviendo mas metafisicas cuanto mas dias pasan. Esas preguntas sin respuesta que nos llegan a angustiar, eso que no queremos mostrar. Pero la angustia ya esta alli. A partir de ese momento solo podemos angustiarnos mas y mas, aunque yo prefiero estar mas y mas angustiado pero mas y mas cerca de la VERDAD.


Si os dan papel pautado, escribid por el otro lado.

Juan Ramón Jiménez

anomalías habituales © 2009